Pese a ello, la mujer disfruta ver crecer sana, feliz y tranquila a su hija de cinco meses

De acuerdo con el testimonio de Jess, su hija fue su “salvación” tras el proceso que vivió | Foto: Especial
Pese a los retos y dificultades por la violencia obstétrica que se ejerce desde los hospitales del sistema de salud pública, la falta de oportunidades laborales en su lugar de origen y cuestionamientos internos, Jess disfruta ver crecer sana, feliz y tranquila a su hija de cinco meses.
Jessica Bautista es ingeniera ambiental, originaria de Huejutla, y desde el 21 de noviembre de 2025 se convirtió en mamá de Lía, una bebé tranquila, paciente y juguetona, y a quien describe como su “salvación”, por todo el proceso que ha vivido desde su embarazo y posparto.
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En entrevista para Criterio, Jess –como le gusta que la nombren– señaló la violencia obstétrica que sufrió durante su embarazo en un hospital del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Playa del Carmen, en Quintana Roo, mientras trabajaba en un proyecto del Tren Maya.
Mencionó que, desde que acudió al hospital del IMSS para llevar el control de su embarazo, recibió comentarios negativos por parte del personal administrativo por su historial psiquiátrico y su peso.

“Aquí cuando te ingresen, vas a estar sola; tu pareja no va a entrar, vas a sufrir mucho. Hay muchos gritos de muchas mamás, hay mucho, mucho ruido; te pueden dar ataques de ansiedad, entonces, la verdad es que sí me preocupa mucho tu salud mental”, fueron los comentarios que Jess recibió y lamentó que, en lugar de ser preventivos, fueron intimidantes e incluso con afán de referirla a un hospital privado para su parto.
Por ello, Jess llevó su embarazo de forma paralela con una ginecóloga particular; sin embargo, el alumbramiento no le sería costeable en ese servicio, por lo que también continuó en revisiones en el IMSS.
Sin embargo, la violencia que había sufrido durante el proceso incrementó durante su última semana de gestación, pues fue regresada más de 10 veces y, pese a su presión alta y dolores, en el hospital le negaban que hubiera riesgos. Incluso, vio cómo otras mujeres sufrieron situaciones similares.
“Te hacen sentir como si tú fueras culpable de cualquier cosa que le pase a tu bebé y tenía miedo de quejarme o decirles algo que hiciera que se desquitaran con mi bebé”, relató.
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También, entre lágrimas, acusó el trato de un médico joven que hizo comentarios sobre su peso y el método anticonceptivo que le aplicarían, sin tomarla en cuenta a ella y sus decisiones.
Pese a esos recuerdos y los retos que ahora enfrenta, al emigrar a Nuevo León por la falta de oportunidades laborales en materia ambiental en Hidalgo, Jess comparte sus vivencias porque cree que no es la única que ha atravesado ese tipo de violencia y que hablar de ello crea comunidad entre mamás.
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