Manuel Díaz Camargo compartió su trayectoria de más de una década como profesor

Manuel Díaz indicó que muchos docentes se convierten en figuras de confianza para alumnos en situaciones complejas | Foto: Especial
En el marco del Día del Maestro, Manuel Díaz Camargo, originario de la comunidad San Antonio Zaragoza, en San Salvador, compartió su trayectoria de más de una década como docente, así como los retos y satisfacciones que ha encontrado en el camino de formar nuevas generaciones.
Actualmente, se desempeña en la Escuela Telesecundaria 134 de la localidad Julián Villagrán, en Ixmiquilpan, donde desarrolla una labor educativa enfocada en la enseñanza académica, así como el acompañamiento emocional y humano de sus alumnos.
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Díaz Camargo relató que su formación profesional inició en la Escuela Normal Superior, con especialidad en Geografía, aunque sus primeros años laborales estuvieron enfocados en áreas administrativas en el Centro de Estudios Tecnológicos Industrial y de Servicios (Cetis) 91 de Tula. Posteriormente, cursó maestrías en Docencia y Desarrollo Urbano Sustentable, además de un doctorado en Educación, convencido de que un maestro debe mantenerse en constante preparación.
En 2012, comenzó formalmente su labor docente, con la impartición de asesorías y cursos a profesores en servicio dentro del Centro de Maestros de Tula. En 2014, ingresó al sistema de telesecundarias, donde descubrió un entorno cercano con los estudiantes.
“El docente tiene que adaptarse a cada grupo, porque ningún alumno es igual a otro. Aunque sea la misma escuela o la misma comunidad, cada generación tiene necesidades diferentes y eso nos obliga a innovar y buscar nuevas estrategias”, expresó.

Durante la entrevista, el docente reconoció que una de las principales adversidades que enfrenta actualmente el magisterio es la desintegración familiar y la falta de acompañamiento en casa, factores que, afirmó, impactan directamente en el comportamiento y desempeño de los estudiantes.
Indicó que muchos docentes se convierten en figuras de confianza para alumnos que atraviesan situaciones complejas, como violencia intrafamiliar, consumo de sustancias o abandono emocional, aunque reconoció que no siempre cuentan con la preparación especializada para atender estos casos.
“No somos psicólogos ni terapeutas, pero muchas veces somos la figura adulta que orienta a los jóvenes sobre lo correcto y lo incorrecto”, señaló.
Asimismo, destacó la importancia de la capacitación constante a través de posgrados, cursos, consejos técnicos escolares y formación continua, ya que consideró que la educación exige actualización permanente para responder a las nuevas realidades sociales y educativas.
Finalmente, envió un mensaje a los docentes en vísperas de su celebración y los invitó a no perder la pasión por enseñar y recordar que el verdadero valor de la profesión está en el impacto positivo que pueden dejar en sus alumnos.
“La mayor satisfacción será que un alumno, años después, te diga: ‘Gracias, maestro’, porque gracias a usted soy una persona de bien. Ahí está realmente el valor de nuestra profesión”, concluyó.
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