Tiene más de 30 años de dedicación a esta actividad; celebra que las nuevas generaciones se muestren interesadas por este tipo de creaciones

Macaria Martínez, artesana originaria de Tenango de Doria, ha dedicado parte de su vida a hacer tejidos | Foto: Luis Godínez
“Aprendí a bordar con mi madre”, cuenta con una mezcla de nostalgia y orgullo Macaria Martínez Pérez, originaria de la comunidad San Pablo, en Tenango de Doria.
Sus manos mágicas están detrás de incontables obras textiles desde hace más de 30 años, ya que cuando era pequeña, a los seis, aprendió a bordar, incluyendo su participación en el tenango más grande del mundo.
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Este 8 de abril, Día del Tenango, Macaria llegó al Congreso de Hidalgo para celebrar con una vendimia la riqueza de su arte.
Entre colores vivos e hilos cargados de mucho trabajo y sentimientos ofrece sus tenangos con una sonrisa sincera, como quien comparte un pedazo del alma en cada puntada.
La gente se detiene, observa, compra. Y ella, con calidez, presume sus piezas como lo haría cualquier artista orgullosa de su obra.
Tras unos minutos de ajetreo y varias ventas, accede amablemente a una breve, pero emotiva entrevista con Criterio.

Vestida con un quexquémitl azul adornado con aves multicolores, Macaria recuerda que comenzó a bordar a los seis años.
Fue su madre quien le enseñó, como también lo hizo con muchas mujeres de la comunidad. Más que una actividad económica, el bordado del tenango se convirtió en un legado que trasciende generaciones.
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“En cada puntada dejo un poquito de mí: mis alegrías, mis tristezas, mis lágrimas, todo lo que siento mientras bordo, ahí se queda”, señaló.
Macaria fue una de las mil 247 artesanas que participaron en el bordado del tenango más grande del mundo, una obra monumental que ha representado a México en lugares como Dubai, España e Italia.
Para ella, ver su trabajo admirado en otras partes del planeta es motivo de profundo orgullo, como el de una madre ver a sus hijos triunfar, puntualizó.
Entre risas, confiesa que sus diseños favoritos para hacer el tenango son las aves y los animales de su región: “Me gusta mucho bordar aves, combinar colores, todo lo que plasmo primero pasa por mi imaginación y es muy bonito verlo cobrar vida en una prenda o en un lienzo”.
Con esperanza, Macaria celebra que las nuevas generaciones de su comunidad comienzan a interesarse por esta tradición, lo cual garantiza que el arte del tenango seguirá bordándose con manos jóvenes durante muchos años más.

No todo es alegría, pues la artesana expresó su preocupación por la apropiación cultural que afecta directamente a las bordadoras de su pueblo.
Esa práctica, además de representar una pérdida económica, genera confusión entre los compradores y le resta valor al trabajo artesanal, pues se ofrecen tenangos hechos a máquina.
Hoy, Macaria no solo borda flores, aves y memorias, borda también el orgullo de un pueblo que resiste con aguja en mano, pues su historia, como la de muchas artesanas hidalguenses, nos recuerda que el arte popular no es una moda, sino una herencia viva que merece respeto, reconocimiento y defensa.
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