Los dulces artesanales de México, que forman parte de la tradición y la cultura de diversas regiones, están a punto de desaparecer. Conoce los más representativos y dónde aún puedes encontrarlos

Una variedad de dulces artesanales mexicanos, cuidadosamente elaborados y presentados en un ambiente tradicional, donde la historia y el sabor se entrelazan
México es conocido por su rica y variada gastronomía, pero dentro de su vasto repertorio de sabores, algunos dulces tradicionales están a punto de desaparecer. Aunque su escasez es una triste realidad, aún existen regiones donde artesanos mantienen vivas estas recetas ancestrales. Estos dulces no solo son un placer al paladar, sino que también son parte esencial de la historia y las tradiciones de diversas comunidades.
Conocer estos sabores es también preservar una parte importante de la cultura mexicana. Aquí te presentamos cuatro dulces que están al borde de la extinción y que aún puedes encontrar si sabes dónde buscar.
Originarios de San Miguel de Allende, los tumbagones son galletas de masa de lámina preparadas con harina de trigo, naranja agria, infusión de cáscara de tomate, tequesquite, canela y anís. Su forma de anillo alargado hace alusión a las tumbagas de los frailes, un símbolo de unión con Dios. Según una leyenda, los tumbagones servían para “delatar” a los infieles: si al morderlos se quebraban, era señal de deslealtad. Aunque hoy en día es difícil encontrarlos, La Casa del Tumbagón, en San Miguel de Allende, sigue rindiendo homenaje a esta tradición.

Charamuscas: caramelos de Cuaresma
Las charamuscas, originarias de Guanajuato y San Luis Potosí, son caramelos tradicionales elaborados con mantequilla y piloncillo hervido. En la época de Cuaresma, estos caramelos moldeados en forma de momias eran símbolos de la corona de espinas de Jesucristo. Hoy, la familia Rodríguez en Matehuala, San Luis Potosí, sigue preservando esta receta que se puede encontrar en el centro de la ciudad.

Jeripa: el dulce poblano de Semana Santa
La jeripa, originaria de Atlixco, Puebla, se prepara tradicionalmente con leche, agua de azahar, harina de arroz y yema de huevo. Este postre cremoso, de color rosado, se baña con leche condensada o ajonjolí tostado. Es típico durante la Semana Santa, pero se puede encontrar durante todo el año en el restaurante Enchiladas Lolita, en Atlixco, que ha convertido a la jeripa en un atractivo gastronómico.

Istete: el dulce prehispánico que se resiste a desaparecer
El istete, originario de Nayarit y Jalisco, es un dulce de miel de abeja, azúcar impalpable, claras de huevo y sal. Aunque su textura es dura, el calor del sol lo convierte en un dulce más chiclosa. Se presenta en sabores como guayaba, vainilla, fresa, nuez o chocolate. Es común encontrarlo en Tepic, Nayarit, o en los puestos callejeros de Guadalajara.

Estos dulces no solo son deliciosos, sino que son parte integral de la identidad y la historia de México. Preservar su tradición es esencial para mantener viva nuestra herencia gastronómica, por lo que es importante apoyar a los artesanos que todavía los preparan.
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