Pachuca, HGO.

Abr 25, 2017

A Criterio de

El miedo y el amor

Fíjese que tengo un problema, por la noche, cada que me voy a acostar creo que hay alguien debajo de mi cama y en verdad que me da harto miedo; doctor, ¿no me estaré volviendo loco?

Para el viejo Filósofo, dos son las emociones básicas que impactan en tu vida: el miedo y el amor.
El miedo es el generador de las emociones negativas que lanzan al ser humano al tono bajo, como el enojo, la rabia, la tristeza, el odio, el rencor, el resentimiento.
El miedo –que es la ausencia de amor– rompe con tu energía vital, debilita tu sistema inmunológico, cancela tu crecimiento, te auto limita, te hace rígido, cancela la confianza en tu futuro, dejándote una sensación de inferioridad, de desánimo, de fracaso o de derrota.
Mientras que la altísima frecuencia del amor, te conecta con una fuerza que trasciende tus limitaciones físicas y con el poder de tu espíritu original, trae a ti armonía y salud, a través de una energía renovada que te hace creativo, liberándote de los bloqueos energéticos y renovando tu vida en todos los órdenes, llenándote de una elevada autoestima, que le da aire a tus sueños y te lleva a ser feliz y triunfar.
El humor es una clara expresión de amor, que te conduce al encantamiento con las cosas sencillas de la vida, a fijar tu atención en cómo cosas tan simples como sonreír con afecto, saludar amablemente, dar un abrazo, una palmada en el hombro, una palabra de aliento en momentos de dolor, un cumplido sincero, una actitud de solidaria preocupación frente a un problema; estas naturales actitudes, tienen el poder mágico de darle un gran giro, de hacer feliz y cambiar tu vida… y la de los demás.
Cuando tienes la capacidad de reír de tus problemas, les quitas el poder, tomas el mando de ellos. Hay personas que creen tener los problemas más graves del mundo y ante ellos su actitud es de claudicar, mientras a otros la adversidad las estimula a crecer y a triunfar.
Cuando llegan los problemas, para algunos éstos vienen acompañados de miedo y por ende, de inclinaciones perturbadoras, intranquilidad, zozobra, desconfianza, desesperanza, inseguridad; cuando te das permiso de abrirte al milagro del amor –y con él, del humor–, como por arte de magia tu vida se vuelve cálida, flexible y experimentas una visión policroma, creativa y renovada de la vida.
El humor es un acto de amor, que te conecta con el poder que va más allá de los límites y de las restricciones que generalmente el ser humano pone a su vida, te lleva a gozar el racimo de milagros que el nuevo amanecer tiene para ti, además te lleva a dejar de concentrarte en los problemas, a tener razones para vivir, para ser feliz y a atreverte a contar tus bendiciones.
A propósito, hay un viejo chiste que aplico al filósofo. “Ergástulo comentaba:
–– Desde que era chiquillo siempre tenía miedo de irme a acostar, porque creía que había alguien debajo de mi cama, eso hacía que no pudiera conciliar el sueño. Cierto día tomé la decisión de consultar a un profesional de la conducta humana, fui a ver a un psiquiatra y le expliqué:
–– Fíjese que tengo un problema, por la noche, cada que me voy a acostar creo que hay alguien debajo de mi cama y en verdad que me da harto miedo; doctor, ¿no me estaré volviendo loco?
–– No se preocupe, soy especialista, déjame eso a mí y en 12 meses lo curo –dijo el psiquiatra–, necesita venir a consulta tres veces a la semana, yo lo curaré de su miedo.
–– Disculpe doctor ¿y cuánto cobra?
–– Para usted, ¡barato! 700 pesos por consulta.
–– La verdad que para mí es caro… pero si me va a curar, creo que vale la pena.
Seis meses después, se encuentra con el psiquiatra en la calle.
–– Oiga, usted sólo fue tres veces a consultarme, ¿me puede decir por qué no regresó?
–– Mire doctor, 700 pesos por consulta, tres veces a la semana, por 12 meses, me pareció bastante dinero; decidí ir con el Filósofo de Güémez, y no me ha de creer, pero me curó en una sola sesión por un six de cerveza.
–– No me diga –dijo molesto el psiquiatra– ¿y se puede saber cómo un campesino, que muy apenas sabe leer, lo curó?
–– Muy sencillo, me dijo: ¡Ve y córtale las patas a la cama!... y asunto arreglado, ahora ¡¡¡YA NO PUEDE HABER NADIE DEBAJO DE MI CAMA!!!”

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