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Aguililla: la realidad haciendo añicos los discursos

“Me estoy muriendo”, alcanzó a decir con la voz apagada por el dolor y la desolación uno de los elementos de la Secretaría de Seguridad Pública de Michoacán que fueron emboscados ayer en Aguililla.

“¡K-8! ¡K-8! ¡Compañeros lesionados!”, clamaba uno de los agentes: “¡K-8! ¡Aguililla, comandantes, K-8, nos atacan!”.

No hubo respuesta.

En los mensajes de auxilio enviados por los policías emboscados, se escuchan pavorosos gritos de dolor, la voz desesperada de los agentes que piden ayuda, y el tableteo intenso de armas de alto poder. “¡De volada, dense prisa, compañeros lesionados!”.

A las siete de la mañana un convoy formado por cinco vehículos salió de Apatzingán con la orden de cumplir un mandamiento judicial en el municipio de Aguililla: la tierra de Nemesio Oseguera, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, CJNG —que es la tierra también de una familia que en los años 80 se inició sembrando mariguana para otros cárteles, y hoy se ha consolidado como la organización criminal más poderosa del país: la de los hermanos González Valencia, conocidos como Los Cuinis.

A las 7:35 el convoy ingresó en la comunidad El Aguaje. Ahí, los policías de Michoacán fueron sorprendidos por sujetos que los cercaron con varias camionetas blindadas. Se desató una masacre: 13 elementos perdieron la vida, nueve más resultaron heridos. Corrieron versiones de que siete agentes habían sido levantados.

Cuando las primeras unidades arribaron al lugar de los hechos, hallaron dos unidades incendiadas y las otras tres perforadas por impacto de arma larga. En el lugar había más de cien casquillos de los calibres .50, .762 y .223.

“El hijo de su puta madre de tu regional… para qué nos mandó hasta acá si no viene el güey. Se les pide K-8 y ningún hijo de su puta madre nos contestó. En el grupo, hijos de su perra madre, hay compañeros heridos”, se escucha en uno de los audios enviados por los policías.

Un agente estatal informó con la voz quebrada por la impresión: “Güey, nos tumbaron a todos casi, güey, a todos los conocidos. Entre ellos está Caín, güey, está Ever, está el comandante Sergio Reynel… hasta ahorita van 14 que hemos encontrado y entre ellos van tres heridos”.

Los agresores habían abandonado mensajes en los parabrisas de las camionetas: “A todos los policías michoacanos lacras que apoyen a los templarios, viagras, trollanos y chocomiles de Tepeque se los cargará la verga. Att. CJNG”.

Los sobrevivientes reportaron que al menos diez de sus compañeros habían sido “levantados” por los criminales. Más de doce horas después de los hechos las autoridades estatales no podían confirmar ni negar esa versión. Alegaban que los elementos de la policía de Michoacán realizaban un despliegue en zonas incomunicadas, y en tanto no se hiciera la concentración del personal de la región, no sería posible saber con certeza “si hubo elementos privados de la libertad”.

Apenas el pasado 16 de septiembre, se reportó que varias familias de Aguililla habían abandonado sus hogares a consecuencia de la lucha entre los Viagras y el CJNG. La Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos ubicó a Michoacán entre las cinco entidades con mayor número de casos de desplazamiento forzado masivo.

En mensajes cruzados el día de ayer, agentes estatales lamentaron la decisión de enviar a Aguililla a los policías, sin ningún tipo de apoyo militar, porque históricamente “es un lugar al que no se entra solo” (un reportaje de Ignacio Ramírez, publicado en <i>Proceso</i> a fines de los 80, documentaba ya la manera en que en el municipio no se movía una hoja sin permiso de los narcos).

El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, aseguró ayer en la “mañanera” que el gobierno había logrado “un punto de inflexión en la violencia”: que la tendencia de homicidios se había estabilizado bajo el gobierno de AMLO. A esa misma hora la masacre de Aguililla le explotaba al país en la cara.

“Hoy todavía no existe un punto de inflexión: no puedes decir que el nivel está más contenido que hace algunos meses, no hay ningún dato”, aseguró Francisco Rivas, director del Observatorio Nacional Ciudadano.

La realidad, haciendo añicos otra vez los discursos.

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