Inicio / A criterio de / Conductor distraído

Conductor distraído

El conductor del automóvil iba distraído. Tal distracción fue causa de que perdiera el control del vehículo y fuera a chocar de frente contra un árbol. Un oficial de tránsito llegó a la escena del accidente en el momento en que el sujeto volvía en sí después del encontronazo. Le informó: “A usted le fue bien, joven. Traía puesto el cinturón de seguridad y no le pasó nada. Su novia, en cambio, no lo traía puesto, y con el choque salió disparada del coche”.

Dijo el tipo con lamentosa voz: “Tampoco a mí me fue tan bien. ¿Ya se fijó lo que ella tiene en la mano?”… Don Wormilio era un hombrecito insignificante y tímido. Cierto día un amigo fue a visitarlo en su casa y se espantó al ver en la sala un espectáculo insólito: don Wormilio había instalado ahí un enorme acuario el el que nadaba un gigantesco y feroz tiburón de amenazantes fauces. El visitante preguntó asombrado: “¿Por qué tienes aquí ese tiburón?”. Explicó el pequeño señor: “Es que mi esposa me abandonó, y compré ese tiburón para no extrañarla tanto”… Dulcibel, muchacha en flor de edad, le pidió a su mamá: “Aconséjame sobre cómo casarme bien”. Respondió la señora: “Que te aconseje tu padre. Él se casó mucho mejor que yo”.

La vedette les mostró a sus compañeras del coro un retrato de su nuevo novio. Era un vejete feo, esmirriado, lleno de arrugas, de mirada estrábica. Explicó la vedette: “La foto no lo favorece mucho. No se le ve la cartera”.

El joven náufrago y su bellísima compañera de exuberantes curvas llevaban ya dos años en una isla desierta. Nada les faltaba, pues había ahí agua y abundantes frutos. Vivían una existencia paradisíaca, igual que la de Adán y Eva. Un día ella avistó un navío que pasaba no muy lejos. “¡Rápido! -le dijo llena de excitación a su compañero-. ¡Enciende una hoguera para que vengan por nosotros!”. “La encenderé -respondió él-. Pero ojalá no la vean”.

Es una pena decirlo, pero las elecciones de julio no se darán bajo buenos auspicios, particularmente la presidencial. Los organismos electorales tienen perdida la confianza de los electores, pues por su modo de integrarse y por sus decisiones, con frecuencia erráticas, más parecen estar al servicio de los partidos que de los ciudadanos. Mucho deberán esforzarse los consejeros y magistrados para evitar que su conducta sea motivo de suspicacias. De otra manera se correrá el riesgo de que no se dé la certidumbre que deben tener el proceso y la jornada electorales. En las condiciones en que se realizará la elección de Presidente esa certidumbre es más que necesaria: es absolutamente indispensable.

Al regresar de su cita la ingenua Dulcilí le comunicó a su amiga Rosibel: “Estoy desolada. Leovigildo, el chico que conocí, es poco caballero”. “¿Por qué lo dices?” -preguntó la amiga. Relató Dulcilí: “Al terminar nuestra cita me puso una mano en la rodilla”. Declaró Rosibel “Entonces mi novio no es absolutamente un caballero.

Al comenzar nuestras citas me pone la mano ahí, y luego le sigue”. Afrodisio llegó al bar donde por las noches se reunía con sus amigos. Traía el rostro sangrando y lleno de moretones. “¿Qué te pasó?” -se preocuparon ellos. Con voz feble respondió Afrodisio: “Luché por la honra de una mujer”. Los amigos quisieron saber: “¿Y por qué vienes así?”. Explicó él, sombrío: “Ella no dejó que se la quitara”… Cuando la mamá de Pepito lo dio a luz el obstetra recibió en sus manos al recién nacido y conforme al procedimiento tradicional lo levantó en alto y le dio la consabida nalgada. Ante el asombro de todos Pepito levantó la cabeza y le preguntó furioso al médico: “¿Por qué me pega? ¡Yo no me metí ahí!”. FIN.

CATÓN

Lee también

Los millones de Liconsa

Para la Cuarta Transformación las reglas del juego han cambiado radicalmente, todo parte del decreto …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Alert:Nuestro contenido esta protegido !!