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Empezó la guerra y va a ser sangrienta y sin cuartel

La guerra sucia entre las diferentes coaliciones que buscan ganar la Presidencia de la República ya empezó. Será sangrienta y ninguna de las partes aceptará tomar prisioneros; una guerra total, de exterminio, y el ganador será aquel que quede de pie después de dar y recibir fuertes golpes.
El vencedor podría parecerse a Pirro, el gran general griego que es famoso por haber dicho, después de vencer a los romanos en una batalla en la cual perdió a tres mil 500 hombres contra los seis mil de su enemigo, que con otra victoria como esa estaría acabado o vencido. O sea, el próximo presidente de México podría ser el vencedor de una guerra pírrica en la cual la victoria le haya costado tanto que le sería difícil gobernar.
Durante la semana que termina, en la cual los precandidatos a la presidencia supuestamente dirigen sus mensajes solamente hacia los militantes y simpatizantes de los partidos que los han postulado, ya hubo un intercambio indirecto de palabras entre los tres.
Todo empezó en Campeche, cuando José Antonio Meade sugirió que sus adversarios se sometan a exámenes físicos, psicológicos y toxicológicos que avalen que gozan de una buena salud para desempeñar un cargo que exige tanto, física y mentalmente, de quien lo desempeña. La propuesta, que en principio me parece estupenda, podría haber estado dedicada a Andrés Manuel López Obrador, quien hace justamente cuatro años sufrió un infarto agudo al miocardio que requirió que permaneciera hospitalizado más de una semana en Médica Sur, el lujoso hospital cuyos servicios sólo están al alcance de los pirruris güeros que tanto critica. Desde entonces, mucho se ha especulado sobre su salud y hay quienes aseguran que el infarto no fue cardiaco sino cerebral, lo cual explicaría que a veces su forma de hablar sea lenta y hasta confusa.
El panista Ricardo Anaya respondió que con gusto se haría los exámenes pero que Meade primero debería hacerse un examen de consciencia por el gravísimo daño que los priístas le han hecho a México, por ineficaces, corruptos y particularmente por el escándalo de presuntos desvíos, refiriéndose a los 250 millones de pesos que el gobierno del prófugo exgobernador priísta de Chihuahua, César Duarte, supuestamente desvió de la tesorería estatal hacia las campañas realizadas por el PRI en Chihuahua y Durango en 2016.
AMLO confesó que es hipertenso y que cada mañana toma un coctel de pastillas para controlar su condición. Luego le pidió a Meade que mejor explique cómo y por qué decidió el gasolinazo de enero pasado.
Las guerras suelen empezar con pequeñas escaramuzas y después caen las bombas. La primera de éstas ya cayó y es el asunto de los 250 millones de pesos, escándalo que afectará aún más a la deteriorada imagen del PRI.

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