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La paz, un bien escaso

La paz es un bien escaso en todo el mundo y es necesario estar consciente de esta realidad, pues ignorarla puede desatar indeseables situaciones de violencia.

En términos reales, la amenaza más grande a la paz no se da en los escenarios cercanos al mundo occidental, sino en el terreno fértil que ofrecen países pobres, abandonados, que se convierten en arenas donde las potencias se confrontan.

Hoy, los escenarios que más ejemplifican esa situación son Yemen y Siria, ambos en Medio Oriente, región de por sí proclive a la violencia, que es una de las herencias más profundas del colonialismo europeo.

Parecería que, en lo inmediato, la tensión bélica no explotará en las zonas limítrofes de China con Taiwán, Vietnam o Filipinas, entre otros países, donde todos alegan derechos sobre las mismas zonas marítimas, en un proceso que no oculta el expansionismo chino.

Otro que explotó hace unos cuantos días fue el de la frontera entre India y Paquistán, retomando capítulos anteriores de violencia y, de nueva cuenta, por disputas territoriales que esconden diferencias mayores, donde el temor más grande nace de que ambos países enfrentados tienen armas nucleares y los controles para no usarlas no parecen ser los mejores.

Pero las arenas que esta semana tienen los reflectores encima son la península coreana y Venezuela, en ambos casos con la presencia de Estados Unidos, China y Rusia, apenas disimulada.
Corea del Norte quiere seguir practicando su versión de comunismo, asentada en valores donde la tradición y su respeto es muy fuerte, formando una ecuación difícil de entender para Occidente.

Para lograrlo defiende sus programas de misiles capaces de alcanzar la costa occidental estadunidense y de bombas atómicas, que serían llevadas por los misiles.

Obviamente Estados Unidos no está de acuerdo con ese riesgo, ni, ideológicamente, con la existencia de un país comunista –si es que al modelo imperante se le puede llamar así- y ha seguido la política que mezcla sanciones con negociación para eliminar esa amenaza y ese modelo.

¿Lo logrará en la segunda reunión, en menos de un año, entre su presidente Donald Trump y el líder norcoreano Kim Jong-un? Pudiera ser si Washington sabe ceder, lo que no es tan sencillo para el carácter del mandatario estadunidense.

Venezuela es la otra arena, donde los capítulos de enfrentamiento no cesan. Debajo de la avalancha de adjetivos al presidente venezolano Nicolás Maduro se esconde la realidad de que este cuenta con apoyo social, cuya erosión por el crecimiento de la inflación y la carestía de muchos bienes, va lento y permite al mandatario maniobrar a su favor, además de que la oposición es débil para unirse, y aún está a prueba la capacidad del diputado Juan Guaidó para encabezarla y llevarla a buen puerto.

Las presiones de la mayoría de países del área latinoamericana, más Estados Unidos y Canadá, así como una indecisa Unión Europea para llegar a las últimas consecuencias, solo parecen estar dejando la vía militar para la salida de Maduro del poder.

Al menos, al terminar febrero, una invasión estadunidense se ve lejana, el envío de fuerzas de la ONU no parece viable por el previsible veto de Rusia y China, una fuerza latinoamericana tampoco parece cercana, lo que llevaría a dos escenarios locales: una misión bélica colombiana que ni Colombia desea, o escaramuzas en la frontera entre este país y Venezuela, una situación desgastante para ambas naciones y que solo cobraría la vida de colombianos y venezolanos que no llevaría a ningún lado, y quizá hasta fortalecería a Maduro. Pero en todas las arenas descritas, la paz es frágil, volátil y en cualquier momento puede darse la chispa que incendie cualquiera de ellas.

De salida: La cancillería mexicana confirmó la liberación del periodista estadunidense de origen mexicano Jorge Ramos, retenido algunas horas en el presidencial palacio venezolano de Miraflores por la guardia de Nicolás Maduro, quien con acciones como esta solo da la razón a quienes lo cuestionan.

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