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Los primeros 100 días no indican nada

Ayer, en no sé cuántos espacios de los medios impresos y electrónicos, los comentaristas, analistas y opinadores realizaron sesudos, y no tan sesudos, análisis sobre los prime-
ros cien días del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador.

La verdad es que no creo que lo que se haga o no durante los primeros cien días de un gobierno sirva para predecir cómo serán los restantes. En el caso del actual presidente de México, su administración será de 2 mil 131 días, del 1 de julio de 2018 al 30 de septiembre de 2024, lo que significa que a partir de hoy le quedan 2 mil 30 días para concluir el periodo para el cual fue electo, ni un día más ni un día menos.

La idea que ahora prevalece sobre los cien días surgió en Estados Unidos, luego de que Franklin D. Roosevelt asumiera la presidencia de ese país en marzo de 1933. Él mismo acuñó la frase “los primeros cien días” durante un discurso que pronunció el 24 de julio de ese mismo año al referirse a las medidas que tomó tan pronto se sentó en la Oficina Oval de la Casa Blanca para resolver la crisis financiera y económica que desde 1929 mantenía postrado a su país. En esa transmisión, se refirió a los programas prioritarios de su gobierno y a 15 leyes importantes que logró que fueran aprobadas por el Congreso.

Desde entonces, primero en Estados Unidos y luego en otros países, México incluido, la comentocracia analiza y califica el desempeño de los presidentes durante sus primeros cien días de gestión, bajo el supuesto de que lo que haga o no haga el gobernante a lo largo de este corto periodo permite predecir qué tan exitosa será su gestión.

Pese a que los hechos se han encargado de demostrar que son insuficientes para pronosticar lo que sucederá en el futuro, quienes viven del análisis y del comentario se empeñan en darle una exagerada importancia a dicho periodo gubernamental.

La historia reciente de México muestra la inutilidad del análisis de los primeros cien días.

Recordemos lo que ocurrió el 20 diciembre de 1994, cuando el gobierno del entonces flamante presidente Ernesto Zedillo anunció una devaluación del peso mexicano de entre el 13 y 15 por ciento. Dos días después, el Banco de México permitió la libre flotación de nuestra moneda y se devaluó 15 por ciento más. Lo que ocurrió después llevó a México a una terrible crisis y a un absurdo rescate bancario que aún hoy seguimos pagando. Pese a que arruinó al país durante sus primeros cien días en el cargo, hay quienes lo califican como un buen gobernante.

¿Y qué ocurrió durante la primera centena de jornadas de la administración de Enrique Peña Nieto? Apenas un día después de asumir el poder logró que los principales partidos políticos firmaran el Pacto por México, que permitió que se hicieran las reformas estructurales que después no fueron bien implementadas y que hoy están siendo desmanteladas por AMLO. Durante sus primeros cien días, alcanzó alto índices de popularidad, pero al final de su sexenio era un hombre impopular y rechazado por la mayoría de los mexicanos.

Conclusión: el éxito o fracaso que tendrá un gobernante no se mide por lo que suceda en este periodo. Deben pasar, por lo menos, seis meses para que sea posible tener algunos elementos de predicción.

Eduardo Ruiz-Healy

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