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Negociaron sobre un cadáver

La necropsia practicada ayer (lunes) en el cuerpo de Norberto Ronquillo sugiere que el joven estudiante murió por estrangulamiento la noche misma de su secuestro, ocurrido el martes 4 de junio.

Norberto, de 22 años, estaba a punto de recibirse como licenciado en Mercadotecnia en la Universidad del Pedregal. Faltaban solo unas horas para la toma de la foto oficial. Lo interceptaron al salir de la escuela, cerca de las 21:30. En su último mensaje el joven avisó a su novia que se dirigía a casa de sus tíos, en donde vivía.

Antes de las diez de la noche, la familia recibió una llamada de rescate. Los familiares levantaron una denuncia, aunque horas después solicitaron que la Policía de Investigación no interviniera. Habían recibido la instrucción de entregar el dinero frente a un autolavado cercano a Acoxpa, al sur de la Ciudad de México.

Así lo hicieron. Un familiar acudió más tarde al sitio en que, según los secuestradores, Norberto sería liberado. El familiar volvió con las manos vacías.

La noche del domingo 9 de junio, una llamada al 911 informó del hallazgo de un cuerpo en una zona alta y boscosa de la alcaldía de Xochimilco. A bordo de la patrulla MX-410 R2, dos policías segundos de la coordinación general de la zona oriente, Raúl Salazar y Selena Miranda, arribaron al lugar. Eran las 20:10. El cuerpo, envuelto en cobijas y bolsas negras, se encontraba en el camino a San Pablo, en la colonia Barrio Coyuca.

Los asesinos lo habían maniatado por la espalda. No se apreciaban signos de violencia. Todo indicaba que el cuerpo llevaba varios días ahí.

A Norberto lo privaron de la vida prácticamente de inmediato. Las autoridades abrieron la hipótesis de un “manejo erróneo del secuestro”, pero no descartaron otras líneas de investigación. Una fuente cercana al caso asegura que hay “datos sólidos” que pueden llevar al esclarecimiento de esta tragedia. La evidencia indica que Norberto fue llevado a algún lugar de cautiverio. En ese sitio ocurrió su fallecimiento. No se trata, en todo caso, de “un secuestro extorsivo típico”, según los investigadores. Llama la atención, sin embargo, la reiteración de hechos con final dramático al sur de la ciudad.

 

Luego de mantener una prolongada tendencia a la baja, el secuestro en la Ciudad de México ha vuelto a convertirse en tema. Entre enero y abril de 2019, se pudo observar un repunte dramático: la tasa creció 77.65 por ciento en relación con el mismo periodo de 2018 (datos del Observatorio Nacional Ciudadano).

A menos de 60 días del cambio de gobierno (entre diciembre y enero), los índices de este delito aumentaron 49.6 por ciento: solo en el primer mes del año ocurrieron 23 plagios, según la organización Alto al secuestro.

A nivel nacional no estamos mejor. La tasa aumentó 24.30 por ciento entre enero y abril.

El secuestro fue tal vez el único delito que bajó durante la administración anterior. En febrero de 2019 fue removida, sin embargo, la coordinadora nacional antisecuestro, Patricia Bugarín, que se hallaba en el cargo desde septiembre de 2015 y había logrado ejercer un efectivo liderazgo en las 32 Unidades Especializadas en Materia de Secuestro (UECS) existentes en el país. Tan efectiva fue la actuación de Bugarín, que el gobierno de López Obrador se la llevó a encabezar la subsecretaría de Seguridad, de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (a la que renunció tres meses más tarde).

Durante meses, al nuevo gobierno no le interesó designar un nuevo coordinador antisecuestro. La oficina quedó en manos de un encargado. Y comenzó, al mismo tiempo, el recorte y el desmantelamiento de las UECS: la llamada Austeridad Republicana. En solo cuatro meses, todo explotó.

Lo mismo ocurrió en la Cdmx. La fuerza antisecuestro fue desmantelada. Investigadores con experiencia de años en el análisis de información, la negociación de secuestros, el manejo de crisis, la investigación de campo, las operaciones específicas, fueron removidos sin atender a sus certificaciones, ni a sus calificaciones.

Había corrupción, fallaban muchas cosas, desde luego. Pero ahí están las cifras, las tercas cifras que indican que otra vez privó la soberbia, el desconocimiento, la improvisación.

El sábado, la jefa de gobierno aplaudía en un mitin en Tijuana. En la ciudad, los delincuentes negociaban sobre un cadáver.

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