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Noche de bodas

El recién casado veía y gozaba por primera vez los encantos de su mujercita. Le preguntó, tierno y excitado al mismo tiempo: “¿De quién son estas pompitas?”. Ella, ruborosa, no contestó: había estudiado en colegio de monjas, y ahí la hicieron leer el libro “Pureza y hermosura”, de monseñor Tihamér Toth. Volvió a preguntar el anheloso desposado: “¿De quién son estas pompitas?”. La joven, cándida, púdica, tímida, calló de nuevo. Insistió el muchacho por tercera vez: “¿De quién son estas pompitas?”. Sonó en eso el teléfono en la recepción del hotel. Quien llamaba era el vecino de cuarto de los novios. Le dijo con enojo al empleado del mostrador: “Oiga: alguien por aquí se halló unas pompas. Ayúdelo a averiguar de quién son y entréguenselas, para poder dormir en paz”. Rosilita, la pequeña amiga de Pepito, le propuso: “¿Jugamos a las comiditas?”. “¡Uh no! -repuso Pepito, desdeñoso-. Así con eme no”. Don Ginebrino, añoso y adinerado caballero, cortejaba discretamente a Himenia Camafría, madura señorita soltera. El senil galán tenía un defecto: solía empinar el codo. Eso a Himenia la tenía sin cuidado: pensaba que el matrimonio haría cambiar a su pretendiente. ¡Qué error tan grande! La mujer se casa pensando que el hombre cambiará, y el hombre nunca cambia. El hombre se casa pensando que la mujer nunca cambiará, y la mujer cambia al día siguiente de la boda. Una tarde la señorita Himenia recibió la visita de su cortejador. Le dijo en la sala: “Amigo mío: acabo de hacer unos piononos, y preparé un chocolatito. ¿Gusta usted merendar?”. Contestó don Ginebrino: “Tendrá que perdonarme, amable señorita. No acostumbro comer entre bebidas”. Babalucas fue a solicitar empleo. El jefe de personal le preguntó: “¿Habla usted inglés?”. Respondió el badulaque: “Oui”.
Le indicó el otro: “Eso es francés”. Replicó Babalucas: “Entonces ponga que hablo tres idiomas”. Un individuo bebía su copa en el bar del pueblo. Repentinamente se oyó la sirena que llamaba a los bomberos voluntarios. De inmediato el tipo se puso en pie para salir. Le dijo el cantinero: “No sabía yo que eres bombero voluntario”. “No lo soy -respondió el otro apresurándose-. Pero el marido de mi vecina sí”. Estamos en Picadillo (se pronuncia Picadilo), villorrio del Salvaje Oeste. Un anciano granjero, padre de una bella hija, había hipotecado su rancho. Lo iba a perder, pues la hipoteca había caído en manos del villano Funky Creep. A fin de salvar la propiedad el papá de la muchacha, de nombre Daisy Mae -la muchacha, no el papá-, tuvo que ofrecerla a aquel bad hombre. Avergonzado, le dijo a la doncella: “Hija mía, voy a entregarte a un destino peor que la muerte. Lástima que no viva ya tu madre: ella se habría ofrecido gustosamente a correr ese destino, incluso varias veces. Pero a falta de ella tú tendrás que saciar los bajos instintos de mi acreedor. Sólo así salvaremos nuestro rancho”. En efecto, el cruel villano se llevó a su casa a Daisy Mae. Seamos indiscretos y miremos a través de la cerradura de la alcoba. Él está tendido de espaldas en el lecho. Ella está sobre él en la postura que nombran de cowgirl. La muchacha, llena de pasional ardor, hace movimientos up and down al tiempo que grita entusiasmadamente: “Oh my God! ¿Y a esto llaman un destino peor que la muerte?”. Don Algón, ejecutivo de empresa, llamó urgentemente a su secretaria por el interfono: “Susiflor: quiero verla en el acto”. “Oh no, señor opuso ella-. Eso es algo muy personal”. El untuoso tenorio le dijo a la linda chica: “Hermosa señorita: el solo hecho de verla me hace sentir y pensar. Palpito”. “¡Óigame no! -respondió ella con enojo-. Yo no soy pa’ eso”. (No le entendí). FIN.

 

MIRADOR

Por Armando Fuentes Aguirre

Historias de la creación del mundo. Adán y Eva comieron los frutos del Árbol del Bien y del Mal. (El fruto del bien lo comieron mal. El fruto del mal lo comieron bien). Después de haber comido supieron que estaban desnudos. (Antes no lo sabían. Solamente lo gozaban). Entonces cubrieron su desnudez con hojas de parra. (Quizá por eso el vino incita a muchas parejas a quitarse la ropa). Con sus hojas de parra andaban el hombre y la mujer en su nuevo paraíso. (Todo indica que les gustaba más que el antiguo). Cierto día Adán observó que Eva ya no llevaba hoja de parra: ahora la traía de higuera. Le preguntó por qué. Explicó la mujer: -La otra ya pasó de moda. ¡Hasta mañana!…

 

MANGANITAS
“. AMLO se muestra ‘prudente’ ante Trump.”. Yo le pregunto sin saña por qué, con gran inconsciencia, no demostró igual prudencia en su carta al rey de España.

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