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Pueblo pobre, partidos ricos

“Últimamente he sentido un extraño calor en la entrepierna”. Así le dijo la hermosa chica al médico joven y galán. Le indicó él: “Si regresa usted a mi consultorio cuando ya todos se hayan ido le quitaré el calor que siente”. Alcanzó a oírlo Uglicia, mujer poco agraciada y bastante entrada en años. Cuando le tocó el turno de entrar con el doctor le dijo, esperanzada, aquello mismo: “Últimamente he sentido un extraño calor en la entrepierna”. Tomó el facultativo su recetario y escribió: “Baños de asiento y duchas frías”. Entre todos los socios del club nudista se destacaba un hombre cuya cabellera y barba le llegaban hasta los pies. Un nuevo socio le preguntó a otro de los antiguos: “¿Quién es ese individuo, y por qué trae tan largos el pelo y la barba?”. Respondió el otro: “Es el encargado de ir al pueblo por las pizzas”. Noche de bodas. Amaneció el día siguiente y la recién casada le pidió a su maridito que encendiera la tele para ver las noticias. Después de varios intentos fallidos confesó el muchacho: “No sé cómo se enciende esto”. Repuso ella, impaciente: “¿Tampoco eso sabes?”. Don Cornulio llegó a su casa inesperadamente. Al entrar en la alcoba vio a su esposa en la cama, sin ropa y presa de inusitado nerviosismo. Sospechando algo fue al clóset y lo abrió. Dentro estaba un tipo igualmente desnudo. No se turbó el sujeto al ver a don Cornulio. Le dijo impávido, impertérrito y flemático: “Muy buenos días, caballero. Soy el representante del Banco de Hipotecas, S. A., y precisamente le estaba diciendo a su señora que así como estoy yo, en cueros, lo vamos a dejar a usted si no libera a tiempo la hipoteca de su casa”. México es un país inmensamente pobre, y sin embargo tiene partidos inmensamente ricos. Durante muchos años los mexicanos hemos padecido una soberbia casta de políticos que han medrado a costa del erario, y por tanto a costa del trabajo de los ciudadanos que pagan sus impuestos. Por eso es muy plausible la propuesta salida de Morena en el sentido de reducir a la mitad los dineros que reciben los partidos, algunos de los cuales ni siquiera partidos son, sino más bien empresas mercantiles, negocios de una persona, una familia o un grupo. Desde luego la iniciativa se topará con la obstinada resistencia de quienes se benefician con las cuantiosas prerrogativas que reciben los muchos partidos, partiditos, partidillos y partidejos que hay, pero deben cesar ya esos abusos. Muchas obras en bien de muchos podrán hacerse con los inmensos recursos que ahora aprovechan unos cuantos. Doña Macalota se quejó con don Chinguetas, su marido: “No me dejaste dormir en toda la noche. Te la pasaste tirando patadas y manotazos. Mira cómo me dejaste, llena de moretones y magulladuras”. “Perdóname, mujer -se disculpó Chinguetas-. Es que soñé que estaba en el estadio de futbol viendo el clásico Tigres- Rayados. Seguramente en las emociones del partido te propiné esos golpes”. “Estás perdonado -concedió la mujer-. De cualquier modo hoy te daré un calmante al ir a acostarnos, para que eso no vuelva a suceder”. “Dámelo mañana -le pidió don Chinguetas-. Esta noche voy a soñar el clásico América-Guadalajara”. Un muchacho y una chica discutían acerca de quién siente mayor placer en el acto del amor, la mujer o el hombre. El muchacho sostenía que el hombre; la chica, en cambio, opinaba que la mujer. “Te pondré un ejemplo -propuso ella-. Sientes comezón en el interior de la oreja y te rascas con el dedo. ¿Dónde sientes mayor satisfacción? ¿En el dedo o en la oreja?”. Respondió él: “En la oreja, claro”. “¿Verdad que sí?” -concluyó la chica. FIN.

MIRADOR.

Por Armando Fientes Aguirre.

Siempre te recuerdo, Terry, amado perro mío.

Aunque te hayas ido estás aquí. Vuelves a ser en mi memoria aquel que fuiste. Otra vez eres el inquieto cachorrillo; el perro joven que escapaba de la casa para aspirar los aromas de la vida; el anciano perro que dormía a mis pies mientras yo te miraba, temeroso de que no fueras ya a despertar.

A veces te sueño, Terry. Vas conmigo por la vereda que sube a la montaña. Esperas tras la ventana de la calle a que llegue el último de mis hijos para luego irte a dormir. En los días de invierno, cuando se va la tarde, cuando la noche viene, me acompañas junto a la chimenea cuando bebo mi té de yerbanís.

Se va la tarde ya, mi Terry.

La noche ya se acerca.

Espérame tras tu ventana.

Caminemos por esa vereda que tú conoces ya y yo no conozco todavía.                Acompáñame, perro amigo.

Acompáñame siempre.

¡Hasta mañana!…

MANGANITAS.

Por AFA.

“. Hacen reformas a la Constitución.”.

Como decía mi abuela

cuando remendaba un trapo

que parecía guiñapo:

ya son más parches que tela.

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