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¿Qué nos pasa?

La desaparición de jóvenes, mujeres y hombres se está volviendo algo cada vez más común en Hidalgo, y los padres desesperados recurren a todo con tal de ser escuchados en la búsqueda de su hija o hijo.
Marchas, bloqueos carreteros, videos en las redes sociales solicitando ayuda para localizar al hijo, a la hermana, de nada han valido, porque en los últimos 12 días han desaparecido ocho personas, según datos de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Hidalgo y la asociación Sonrisas Perdidas. Es decir, en semana y media se perdieron estos jóvenes y de seguir con esa tendencia, antes de que finalice el año estaríamos hablando de decenas de desaparecidos.
La misma procuraduría reconoce que en lo que va del año tienen 250 fichas de personas que reportaron como extraviadas.
Y quizá lo más preocupante es que los feminicidios también van al alza: 15 en este año y 20 muertes violentas.
Tan solo, este martes se reportó que fue localizado el cuerpo de una mujer sin vida en Tizayuca, una zona altamente vulnerable, donde los ataques a la población en general van en aumento.
Ante tal grado de violencia y extravío de personas, la pregunta que más frecuentemente se hacen los habitantes de un Hidalgo que hasta hace poco era seguro es: ¿Qué está pasando?
Para la mayoría de los habitantes de nuestra entidad, esta clase de delitos eran cosa lejana, aquí no pasaban; sin embargo, es cada vez más recurrente el hecho de enterarse que alguien cercano ha sido víctima de la delincuencia.
Los levantones son otro de los delitos a los que se enfrenta una sociedad que mira, con ojos absortos, cómo en minutos la vida de una familia puede dar un giro que, en ocasiones, termina en tragedia, sin que nadie haga nada.
Incluso hay casos que se comentan casi en secreto, porque las familias están amenazadas de que no den parte a la Policía, y hay quienes deciden no dar parte a las autoridades porque no confían en ellas.
Es triste darse cuenta de que, a pesar de los esfuerzos de mejorar en tecnología e incluso en capacitación para los policías, la seguridad en algunas regiones del estado ha sido rebasada por la delincuencia.
Casos como el de Ixmiquilpan, donde hasta hace poco la Policía había podido recuperar espacios que habían ganado los malosos, las ejecuciones son cosa de todos los días.
Lo mismo ocurre en Tezontepec de Aldama, zona en la que el huachicol es amo y señor de la región, ahí donde solo sus chicharrones truenan y las ejecuciones por mantener a raya a quien se ponga roñoso están a la orden del día.
Otra zona caliente es la limítrofe con Querétaro, que se ha convertido en tiradero de cadáveres y donde los forajidos hacen su agosto con los asaltos al tren en parajes desolados.
Total, que, entre desaparecidos, ejecuciones, secuestros, asaltos y robo de combustible, la situación no es nada sencilla.
Al sentirse desprotegidos, los ciudadanos se organizan en movilizaciones, la mayoría pacíficas, con el fin de ser escuchados.
No estaría de más que en verdad hubiera un intento de sentarse a dialogar con todos esos grupos inconformes para buscar soluciones, porque en ocasiones el sentirse escuchados ya es un gran avance.
Me cae que de nada sirve la soberbia.

Palabras más, palabras menos
Instalar cámaras de vigilancia, rehabilitar casetas, conectarse a internet, reforestar camellones, colocar boyas de prevención, malla protectora, señalética e incluso llevar una escuela de capacitación en futbol para los jóvenes son solo algunas de las acciones que realizan vecinos del fraccionamiento Mineral II y que por esas acciones ahora son amenazados e incluso señalados en redes sociales.
¿Quién chingados los entiende?

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