Imagen: Enrique Olmos
 · 
Hace (1) meses

Los títeres no murieron: atraen multitudes en 31 minutos 

Más de 200 mil personas reunidas en el Zócalo de Ciudad de México para ver a 31 minutos no son una anécdota: son una enmienda

Imagen: Los títeres no murieron: atraen multitudes en 31 minutos 
Compartir:

Hay hechos culturales que desarman cualquier diagnóstico previo. Más de 200 mil personas reunidas en el Zócalo de Ciudad de México para ver a 31 minutos no son una anécdota: son una enmienda. No fue una estrella global ni una franquicia optimizada para plataformas. Fueron títeres: Juan Carlos Bodoque, Tulio Triviño, Juanín Juan Harry, Patana. Personajes de tela que, contra toda lógica industrial, sostienen una relación afectiva, crítica y duradera con su público. 

Y aquí conviene recordar algo incómodo: el programa chileno 31 minutos llegó a México por la televisión pública. Fue Canal Once quien lo transmitió y lo volvió cotidiano. No lo impuso el mercado; lo instaló una decisión editorial. Eso es lo que hoy resulta excepcional.  

La televisión pública, cuando asume su función cultural, no compite con la industria: construye alternativas. No simplifica contenidos: los complejiza sin perder audiencia. No responde a la demanda inmediata: la forma en el tiempo. Sin embargo, basta encender hoy Canal Once o Canal 22 para advertir una deriva menos ambiciosa: programaciones fragmentadas, apuestas erráticas, una mezcla de contenidos que rara vez construyen continuidad o identidad, y una tediosa inclinación hacia el oficialismo. Hay esfuerzos valiosos, sí, pero dispersos. Falta proyecto. Falta riesgo sostenido. Falta, sobre todo, convocar al talento desperdigado en las múltiples áreas creativas del país.  

El caso es claro: 31 minutos no fue concebido como fenómeno masivo, pero lo devino. No por estrategia, sino por consistencia: humor, música, crítica mediática, inteligencia, incluso periodismo. Un programa que trató a su audiencia —infantil en origen— como capaz de entender; que no la subestimó, sino que la empoderó. El resultado está a la vista: una multitud que no acudió solo por nostalgia, sino por reconocimiento. 

Frente a esto, la pregunta es inevitable y menos cómoda de lo que parece: ¿puede hoy la televisión pública mexicana producir algo con ese grado de libertad, continuidad y riesgo? No una copia, sino una obra con vocación semejante: capaz de circular durante años, de formar sensibilidad, de escapar a la lógica de lo inmediato. 

Porque lo que vimos en el Zócalo no fue solo un concierto. Fue el efecto tardío de una política cultural que sí funcionó. Y, en tiempos de animación digital y vidas encapsuladas en plataformas efímeras, un recordatorio: los títeres no volvieron, nunca se fueron. Lo que faltaba era una estructura que los sostuviera y los difundiera masivamente. 

La pregunta final no es menor: ¿existe en México una política pública —o siquiera una plataforma articulada— para el estudio, la producción y la circulación de las artes titiriteras? La respuesta, por ahora, es elocuente en su ausencia. 

¡Recibe las noticias al momento en tu Whatsapp! Únete a nuestro Canal: https://bit.ly/3S0OztH

Compartir:
Relacionados
Imagen: Soberanía reclamada en territorio perdido
Hace 4 horas
Imagen: El alumno ya cambió… ¿y la escuela está lista para aceptarlo?
Hace 4 horas
Imagen: Confiar en el Tuzobús
Hace 5 horas
Se dice
/seDiceGift.png
Especiales Criterio
/transformacion.jpeg
Suscribete
/suscribete.jpg

© Copyright 2026, Derechos reservados | Grupo Criterio | Política de privacidad

logo
HOLA Y BIENVENIDO
Suscríbete y así estarás apoyando a crear contenido de calidad
SUSCRÍBETE
Cerrar sesión