En el convento de Actopan existía un lugar donde los viajeros pernoctaban antes de seguir su camino, pero sucedían cosas extrañas

“Cuentan que, hace mucho tiempo, los viajeros llegaban al convento de Actopan, provenientes desde otras tierras”
Por José Hernández Cruz
Cuentan que, hace mucho tiempo, los viajeros llegaban al convento de Actopan, provenientes desde otras tierras, por lo que siempre pedían permiso de pernoctar en el portal de peregrinos. Era toda una tradición.
Con el paso de los años, los frailes fueron expulsados de ese recinto, pero aun así los peregrinos llegaban a pasar la noche, ya que no había hotel en la Villa de Actopan.
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Es por ello que en ese entonces pedían permiso al padre prior o al sacerdote para que se pudieran quedarse a dormir en el portal de peregrinos.
Pero, después de varios años, no había quién les recibiera y, sin embargo, los peregrinos seguían llegando a altas horas de la noche. Era curioso porque las puertas se abrían solas, mientras que dos frailes les daban la bienvenida únicamente con señas, indicándoles que lo siguiera.

Los llevaban directamente al comedor y, cuando estaban ahí sentados, veían que los frailes les llevaban la comida, lo que parecía normal. Sin embargo, cuando alguno de ellos se tallaba los ojos o bostezaba por el sueño, notaban que los platos estaban flotando en el aire, realmente nadie los cargaba.
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Además, era raro, pues se escuchaban risas en todo el claustro bajo y en el jardín. Era siempre la voz de una niña o de una mujer. Cosa extraña, ya que en ese convento nunca hubo mujeres, únicamente varones.
Por eso, al momento de llegar al convento, lo primero que tienes que hacer es persignarse y, si entran a la cocina, pues siéntanse dichosos, ya que ahí está el Ojo de Dios que todo lo ve y que todo lo cuida. Que tengan buenas noches.
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