Aficiones de México y Corea del Sur convivieron en un ambiente festivo durante el Mundial 2026
Aunque sobre la cancha estaba en juego mucho más que tres puntos en el segundo compromiso de la fase de grupos de la Copa del Mundo 2026, en las tribunas del Estadio Guadalajara se vivió una historia distinta, en la que el respeto, la convivencia y la pasión por el futbol fueron los verdaderos protagonistas.
Desde varias horas antes del silbatazo inicial, los alrededores del inmueble se transformaron en un mosaico de colores, idiomas y tradiciones; por un lado, la afición de Corea del Sur volvió a hacerse notar en la Perla Tapatía, ciudad que desde días atrás comenzó a recibir a decenas de seguidores asiáticos que emprendieron un largo viaje para acompañar a los llamados Tigres Asiáticos en una de las citas más importantes de su historia reciente.
Muchos recorrieron miles de kilómetros desde Seúl y otras ciudades del país asiático con la misión de alentar a su selección en territorio mexicano. Con banderas, camisetas rojas y cánticos incesantes, los coreanos aportaron una dosis especial de color a una grada que lució espectacular.
Del otro lado aparecía la mayoría local, pues la afición mexicana, encabezada por miles de tapatíos, hizo sentir el peso de la localía; sin embargo, también hubo seguidores que llegaron desde distintos rincones del país.
Desde el norte hasta el sureste, pasando por Hidalgo, donde un grupo de aficionados provenientes de Pachuca no quiso perderse la experiencia mundialista y se hizo presente en Guadalajara.
Pero más allá de los colores divididos por 90 minutos, la convivencia entre ambas aficiones fue lo que realmente capturó la atención. Mexicanos y coreanos compartieron fotografías, intercambiaron recuerdos y hasta improvisaron celebraciones conjuntas en los pasillos y explanadas del estadio.
La mezcla cultural quedó reflejada en los bailes. Lo mismo se organizaban grupos enteros para interpretar los pasos del famoso Gangnam Style, que aficionados mexicanos bailaba gustosos, mientras que los asiáticos respondían uniéndose al tema de Payaso de Rodeo.
Las risas, los aplausos y los teléfonos celulares grabando cada momento se multiplicaron por todos los rincones.
La fiesta alcanzó su punto máximo cuando los seguidores mexicanos volvieron a demostrar su característica hospitalidad. Tal como ocurrió en días anteriores, varios aficionados coreanos se dejaron querer por la multitud y terminaron volando por los aires entre las manos de los presentes, en una imagen que arrancó carcajadas y aplausos por igual.
Porque mientras el futbol definía un resultado dentro de la cancha, en las gradas ganaba la unión de dos culturas que encontraron en el Mundial un idioma universal para celebrar juntas la pasión por el deporte.
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