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Visita el taller del Alfarero en Huasca

El Taller del Alfarero, en Huasca de Ocampo, es un lugar donde los visitantes están en contacto con el barro para crear piezas únicas. Se trata de una experiencia completa, pues va desde pulverizar las piedras hasta meter las piezas al horno, no sin antes conocer un poco de la historia de  esta actividad.

Este taller, como la mayoría de los 24 que existen en el municipio, se encuentra en  el barrio La Palma. Otras comunidades que se dedican a la alfarería son La Cruz Blanca  y El Calvario.

En el recorrido inicial por el lugar por el que han pasado cuatro generaciones de artesanos, los visitantes observan, en un pequeño museo, una línea de tiempo que muestra los productos que se han elaborado en el taller, con cantera, obsidiana y barro.

Los productos de alfarería que se muestran datan de inicios del siglo XX: grabados con manchas en colores café y verde y caolín. Los moldes más antiguos tienen la firma de sus creadores, como Cipriano Cortés, de 1902.

En entrevista, Felipe Cortés, alfarero y vigía del patrimonio cultural, expresó: “Queremos que se ponga en valor esta parte del patrimonio cultural, la alfarería, pues esta práctica se había quedado rezagada. Sin embargo, hemos logrado que la gente visite  los talleres”.

El taller pretende que la gente conozca la forma de vida de una familia de artesanos alfareros y al mismo tiempo experimente la elaboración de algunas piezas.

El turista presencia la pulverización de las piedras de barro, ya sea con un apaleador, pieza tradicional que se usaba en los inicios de la alfarería para golpearlo, o con una roca de 150 kilogramos llamada molinillo.

El paso siguiente es el horneado del barro para hacerlo más fino, y después mezclarlo con agua hasta crear una masa. Para el modelado se pueden utilizar técnicas como el torno de pie, con el que se coloca un trozo de barro sobre una plataforma que se hace girar sobre un disco para ir dando forma a las piezas con las manos; la otra opción es utilizar moldes que se llenan  con la masa.

En el trabajo tradicional las piezas entran al horno de quema para la cocción durante tres horas. Al día siguiente las piezas se esmaltan y se meten tres horas más para sacar las pie-
zas terminadas.

Sara Elizondo I Pachuca

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