Una nueva modalidad de fraude utiliza etiquetas de paquetería para obtener datos personales y cometer robo de identidad

Las etiquetas de paquetería contienen datos personales que pueden ser usados para fraudes
Tirar a la basura la etiqueta de un paquete puede parecer un acto inofensivo, pero en realidad podría ser el primer paso para una estafa. En los últimos meses se ha detectado una nueva modalidad de fraude que utiliza información personal obtenida directamente de etiquetas de paquetería desechadas.
Esta práctica, conocida como dumpster diving o trashing, consiste en revisar la basura para recolectar etiquetas de envíos de empresas como Amazon, Mercado Libre o Shein. En esos pequeños trozos de papel se concentran datos sensibles como nombre completo, dirección exacta, número telefónico y referencias del domicilio.
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Con la información recuperada, los delincuentes realizan contactos fraudulentos que resultan altamente creíbles. Las víctimas reciben llamadas o mensajes donde los estafadores se hacen pasar por personal de la paquetería, citando datos reales del envío.
“Buenas tardes, le hablamos de Amazon, tuvimos un problema con su entrega”, es una de las frases más comunes. De acuerdo con Infobae, el uso de información verídica genera confianza inmediata y reduce las alertas de la persona afectada, la Policía Cibernética ha documentado casos en los que los datos fueron obtenidos directamente de la basura, mientras que la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (CONDUSEF) ha alertado sobre el incremento de fraudes relacionados con este método.
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Si la víctima no cae en el primer intento, los estafadores pueden escalar el engaño. El siguiente paso consiste en enviar un paquete no solicitado al domicilio obtenido de la etiqueta original.
Al abrirlo, la persona encuentra un objeto sin valor acompañado de un código QR. Escanearlo representa el error crítico, ya que puede instalar malware en el celular, permitiendo el robo de contraseñas, correos electrónicos, fotografías y accesos a cuentas personales.
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El peligro mayor de estas estafas es el robo de identidad. Con nombre, dirección y número telefónico, los delincuentes pueden solicitar reposiciones de tarjetas bancarias, abrir cuentas digitales o incluso pedir préstamos a nombre de la víctima.
Las autoridades advierten que la combinación de datos reales con técnicas de presión psicológica —como la urgencia por resolver un supuesto problema con un pedido— facilita que las personas bajen la guardia.
La prevención comienza con un gesto simple pero crucial: destruir completamente las etiquetas antes de tirarlas. No basta con romperlas por la mitad, deben quedar totalmente ilegibles.
Entre las principales recomendaciones para evitar este tipo de fraude se encuentran:
Destruir físicamente las etiquetas: rayarlas con marcador indeleble, cortarlas en pedazos pequeños, mojarlas o exponerlas al calor, ya que al ser térmicas se oscurecen por completo.
No escanear códigos QR de paquetes no solicitados y rechazar envíos sorpresa.
Ante llamadas sospechosas, colgar y comunicarse directamente con la empresa a través de números oficiales.
Utilizar lockers, puntos de recogida o direcciones alternas para recibir compras en línea y proteger el domicilio real.
La clave de esta estafa está en aprovechar un descuido cotidiano. Tratar cada etiqueta como un documento confidencial puede marcar la diferencia entre la seguridad y el robo de identidad.
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