Esta disciplina exige un compromiso absoluto: jornadas de entrenamiento de hasta cinco horas, la adquisición de caballos y la valentía para ejecutar faenas peligrosas

Practicar la charrería en zonas urbanas implica fuertes gastos en la renta de espacios, resguardo de animales y transporte especializado | Foto: Especial
Practicar la charrería en Hidalgo se ha convertido en una actividad que demanda una alta inversión económica, especialmente por su traslado a entornos urbanos, donde los charros deben cubrir gastos como renta de espacios para entrenar, resguardo de animales y transporte especializado.
Ubaldo Chávez San Nicolás, entusiasta de la charrería oriundo de Progreso de Obregón, explicó que este deporte nacional no solo implica costos elevados, sino también un nivel importante de riesgo, particularmente para quienes no cuentan con experiencia en el manejo del caballo o la reata.
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Detalló que dominar las 10 suertes charras requiere constancia y compromiso, con jornadas de entrenamiento que pueden extenderse entre tres y cinco horas. Además, destacó que uno de los mayores retos es conformar un equipo, ya que cada prueba demanda la participación coordinada de varios integrantes.
En cuanto a la indumentaria en la charrería, señaló que en el ámbito de trabajo cotidiano basta con ropa básica como pantalón, camisa y sombrero; sin embargo, existen trajes de gala cuyo precio puede ascender a varios miles de pesos.
Ejemplificó que un sombrero elaborado con materiales finos puede alcanzar costos de hasta 50 mil pesos, mientras que los accesorios, como botonaduras de plata, también representan un gasto considerable.

A ello se suma la adquisición de caballos, cuyo valor varía ampliamente dependiendo de sus características, pudiendo ir desde decenas hasta cientos de miles de pesos, lo que incrementa la inversión total para quienes practican esta disciplina.
Chávez San Nicolás hizo hincapié en que todas las suertes conllevan un riesgo si no se ejecutan con técnica y precaución. Indicó que existen antecedentes de lesiones graves, como la pérdida de extremidades e incluso fallecimientos, derivados de caídas o accidentes durante las faenas.
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Entre los más comunes, mencionó la posibilidad de sufrir daños en las manos durante maniobras como los piales, donde la fricción del lazo puede provocar amputaciones. Asimismo, alertó sobre el peligro de que el caballo caiga sobre el jinete, lo que puede ocasionar traumatismos severos o consecuencias fatales.
Pese a ello, afirmó que quienes sienten pasión por la charrería buscan mantenerse activos en esta tradición, asumiendo los desafíos económicos y físicos que implica.
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