Ambos perros han encontrado un lugar entre los católicos de la región y son parte de la identidad religiosa de la Huasteca

Peregrino y Güero continúan recorren caminos, veredas y carreteras junto a la imagen de Cristo | Foto: Especial
Cada vez que la imagen de Jesús sale de la Catedral de Cristo Rey de Huejutla para visitar alguna comunidad de la Huasteca hidalguense, hay dos acompañantes que rara vez faltan a la cita. No portan velas ni rezan rosarios, pero recorren kilómetros bajo el sol, la lluvia o el frío siguiendo el paso de los creyentes. Son Peregrino y Güero, dos perros en situación de calle que se han convertido en parte de las celebraciones religiosas de la región.
La historia comenzó hace algunos años con un perro color café que deambulaba enfermo por las calles de Huejutla. Su estado era delicado y parecía destinado a convertirse en una víctima más del abandono animal. Sin embargo, una persona decidió intervenir y lo llevó al veterinario. Tras recibir atención médica y recuperarse, el can volvió a las calles, pero su comportamiento comenzó a llamar la atención de quienes participan en las peregrinaciones católicas.
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Mago Campa, activista en defensa de los derechos de los animales, relata que después de recuperarse, el perro comenzó a seguir a los grupos que acompañaban la imagen de Cristo hacia distintas comunidades. Sin que nadie le enseñara el camino, caminaba junto a los fieles durante horas y permanecía en los lugares visitados hasta que la imagen regresaba a la catedral. La constancia de sus recorridos hizo que las personas comenzaran a llamarlo “Peregrino”.
Comentó que tiempo después apareció otro compañero. Un perro blanco que poco a poco empezó a seguir las mismas rutas y a acompañar las procesiones. Los creyentes lo bautizaron como “Güero”. Desde entonces, ambos se volvieron inseparables y forman parte del paisaje religioso de Huejutla y sus alrededores.

Compartió que los dos perros son conocidos por cientos de habitantes. Regularmente, pueden verse descansando en los alrededores de la Plaza 21 de Mayo, cerca del centro histórico de la ciudad. Turistas, comerciantes y vecinos suelen acercarse para saludarlos, tomarse fotografías y ofrecerles agua o alimento.
Una trabajadora de un establecimiento ubicado en el centro de Huejutla, relató que diariamente les da de comer. Explicó que muchas personas ya los identifican y procuran ayudarlos cuando los encuentran en la calle o durante las peregrinaciones.
Las muestras de cariño son frecuentes. Hay quienes les colocan collares de flores durante las festividades religiosas, les ofrecen agua en los trayectos e incluso los trasladan en vehículos cuando el recorrido de regreso resulta demasiado largo. Para muchos creyentes, Peregrino y Güero se han convertido en símbolos de fidelidad y compañía.
Sin embargo, no todas las experiencias han sido positivas. Mago Campa lamentó que en algunas ocasiones los perros hayan sido objeto de rechazo e incluso maltrato. Recordó que Peregrino llegó a recibir golpes por parte de una persona vinculada a actividades religiosas, una situación que causó indignación entre quienes los consideran parte de la comunidad.
El obispo de la Diócesis de Huejutla, José Hiraís Acosta Beltrán, confirmó que conoce la historia de ambos animales. Explicó que le llama la atención cómo logran llegar puntualmente a las celebraciones religiosas y acompañar la imagen de Jesús en sus recorridos.

“Curiosamente, llegan a la hora. Se quedan en las comunidades mientras está la imagen y cuando la regresan a la catedral, ellos también regresan”, comentó.
Para el prelado, la presencia de Peregrino y Güero tiene un significado especial.
“Toda la creación está en relación con Dios nuestro Señor. Todos los animales también. Dios ha puesto en el instinto de estos animalitos algo que puede ser ejemplo para las personas, para reconocer al Señor que camina en medio de nosotros, como la historia de San Antonio de Padua con su mula”, expresó.
Mientras la explicación de su comportamiento sigue siendo un misterio para muchos, Peregrino y Güero continúan recorriendo caminos, veredas y carreteras junto a la imagen de Cristo. Sin dueño, sin hogar fijo y sin más equipaje que su lealtad, ambos perros han encontrado un lugar entre los creyentes de la Huasteca, donde son vistos no solo como animales callejeros, sino como compañeros de fe que, a su manera, también forman parte de la peregrinación.
Hoy, quienes buscan encontrarlos saben dónde hacerlo. Ambos permanecen gran parte del tiempo en la Plaza 21 de Mayo, a unos metros de la Catedral de Cristo Rey. Ahí descansan, reciben alimento de personas que los aprecian y esperan pacientemente. Pero cuando el sonido de la banda de viento rompe la rutina y los cohetes anuncian la salida de una nueva procesión, Peregrino y Güero se ponen de pie y emprenden el camino una vez más. Para los fieles de la región, esa escena ya es parte de la identidad religiosa de la Huasteca: dos perros callejeros que parecen esperar cada día el llamado para volver a peregrinar.
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