José Antonio Flores quedó atrapado en la comunidad Progreso durante la vaguada monzónica

La telesecundaria donde trabaja José Antonio Flores se convirtió en unitaria, con él como único maestro | Foto: Martha Sáenz
En sus ocho años de maestro y 17 en el sector educativo, José Antonio Flores Monterrubio nunca había enfrentado un reto como el de ahora: rezago educativo y una telesecundaria unitaria; esto, después de quedar atrapado en la comunidad Progreso, en Tenango de Doria, con el paso de la vaguada monzónica.
Caminó alrededor de siete horas para salir de la localidad más alejada del municipio para trasladarse a Tulancingo y regresar a su hogar, en Atotonilco el Grande, durante la emergencia de octubre de 2025.
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Mencionó que el paso de la vaguada monzónica dejó a docentes encerrados durante semanas en diferentes comunidades, con pérdidas económicas como la de sus automóviles, ya que todos los accesos a las localidades donde trabajan quedaron bloqueados. La indicación para los maestros foráneos fue salir de los poblados y regresar a sus lugares de origen.
Durante casi dos meses, las fallas en la comunicación vía WhatsApp y las llamadas telefónicas eran deficientes en la región, lo que ocasionó una pérdida de tiempo de aprendizaje de casi dos meses, en los que el maestro únicamente pudo enviar ejercicios a los alumnos para continuar con los programas escolares.

José Antonio lamentó que se cuente con dicho en los programas escolares, ya que consideró que la educación a distancia en la región no sirve, por lo que es necesario retomar el contenido de modo presencial.
El maestro señaló que cuenta con una matrícula baja en una comunidad alejada, por lo que carece de recursos; además de que la escuela se convirtió en unitaria, con él como único docente, por lo que pidió que las autoridades volteen a ver las necesidades de estas escuelas.
Cuando el amanecer apenas ilumina los cerros de la Huasteca hidalguense, la maestra Yohali Hernández Fernández ya está lista para iniciar una jornada que pocos estarían dispuestos a recorrer todos los días. Con una mochila verde al hombro, cargada de hojas de colores, gises y material didáctico, comienza una caminata de varios kilómetros por veredas y pendientes para llegar al preescolar indígena Juan Escutia, en la comunidad Rancho Nuevo, en Huejutla.
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El trayecto inicia en Acuapa. Aunque en el mapa la distancia parece corta, la realidad es otra. No hay transporte público ni una carretera totalmente pavimentada que conecte directamente con la localidad. La única opción es avanzar a pie por un sendero angosto que serpentea entre la maleza y atraviesa un cerro.
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