Búhos, lechuzas y tecolotes han sido asociados con la hechicería, malos presagios, enfermedad o la muerte

Los mitos provocan que las personas apedreen, disparen, quemen o persigan a las aves rapaces nocturnas | Foto: Especial
A lo largo de la historia, las aves rapaces nocturnas han enfrentado graves riesgos debido a mitos y supersticiones que las asocian erróneamente con la hechicería, los malos presagios, la enfermedad o la muerte por sus hábitos nocturnos y cantos peculiares, detalló la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales de Hidalgo (Semarnath).
Esta perspectiva es respaldada por el biólogo Daniel Monroy, titular de la Unidad de Rehabilitación de Fauna Silvestre de Pachuca —instancia dedicada a la recuperación de diversas especies rescatadas—, quien confirmó que en regiones hidalguenses como el Valle del Mezquital y la Otomí-Tepehua aún prevalece la creencia ancestral de que estas aves son brujas con capacidad de transformación o mensajeros fatídicos.
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Esta herencia de prejuicios culturales detona actos de violencia directa en zonas urbanas y rurales, donde los pobladores apedrean, disparan, queman o persiguen a las aves rapaces nocturnas, destruyen sus nidos y usan partes de sus cuerpos en rituales sin fundamento científico, de acuerdo con la información institucional proporcionada por la Semarnath.
El especialista coincidió con la dependencia en que el miedo impulsa estos ataques e influye en que la gente recurra a métodos tradicionales de protección, como colocar tijeras en cruz, espejos o ropa al revés, para repeler lo que consideran entidades malignas.
Contrario a las falsas creencias de que representan un peligro para los humanos o animales domésticos, estas aves cumplen una función depredadora vital al controlar poblaciones de pequeños mamíferos, insectos y reptiles en cadenas alimenticias locales, precisó la Semarnath.

En concordancia con este marco ecológico, Daniel Monroy advirtió que la persecución invisibiliza que las aves rapaces son reguladores naturales esenciales para la salud pública y la agricultura. Destacó de manera específica que el tecolote llanero es una especie inofensiva de naturaleza terrestre que habita en excavaciones del suelo, donde un solo ejemplar llega a consumir hasta mil ratones al año.
El panorama de conservación para estas aves en Hidalgo incluye factores de riesgo regulados por la Norma Oficial Mexicana NOM-059-SEMARNAT-2010, la cual identifica especies probables en la entidad y clasifica bajo la categoría de Amenazada (A) a los búhos Asio flammeus y Strix occidentalis (asociado a bosques maduros), a la subespecie rostrata del tecolote Athene cunicularia y a las subespecies mayensis del búho Bubo virginianus y hoskinsii del tecolote Glaucidium gnoma; mientras que la subespecie hypugaea de Athene cunicularia se encuentra Sujeta a Protección especial (Pr), quedando fuera de los listados oficiales la lechuza Tyto alba y los tecolotes Megascops kennicottii y Psiloscops flammeolus, según la documentación técnica de la Semarnath.
Aunado al estigma cultural, la biodiversidad de aves rapaces nocturnas enfrenta afectaciones por la pérdida de hábitat, el cambio climático que altera sus ciclos y disponibilidad de alimento, la contaminación lumínica y acústica que interfiere en sus hábitos de caza, así como el tráfico ilegal para el mercado de mascotas, alertó la dependencia estatal.
Por su parte, Daniel Monroy enfatizó que estos factores humanos provocan el ingreso constante de tecolotes llaneros y rítmicos con lesiones de gravedad a la unidad, procedentes principalmente del sur de Pachuca, los llanos de Apan y el Valle del Mezquital, lo que, consideró, hace urgente la educación ambiental para erradicar los ataques y fomentar una cultura de respeto.
Explicó que el proceso para rescatar a la fauna afectada incluye rehabilitación en biosimuladores con nulo contacto humano para fortalecer sus instintos, logrando recientemente la futura liberación de un polluelo de tecolote rítmico rescatado en Actopan.
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En términos estadísticos, el centro de rehabilitación reportó el ingreso de casi 20 ejemplares de tecolotes llaneros y rítmicos en los últimos cinco años. Detalló que los rítmicos provenían mayormente de los llanos de Apan y el Valle del Mezquital, mientras que el tecolote llanero es la especie rescatada con mayor frecuencia.

La situación operativa en general de la unidad de rescate capitalina elevó la población en resguardo a 87 animales tras registrarse en abril un promedio de un ingreso diario, sumando 42 nuevos pacientes de especies como monos araña, loros, tlacuaches y tigrillos, debido a la temporada de nacimientos y decomisos de fauna exótica, según los registros presentados por Daniel Monroy.
El funcionario añadió que en lo que va de 2026 la cifra acumulada supera los 120 ejemplares, de los cuales 27 fueron reincorporados exitosamente en la barranca de Metztitlán bajo la coordinación de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), operando con una aportación municipal de 40 mil pesos al mes y donativos ciudadanos que complementan cirugías de emergencia y dietas. Según un balance del año pasado, recibieron más de 200 animales y 85 fueron liberados, aunque muchos quedan en cautiverio definitivo por secuelas irreversibles.
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