Excavaciones arqueológicas permitieron el hallazgo de tumbas y cistas que aportarán información sobre creencias y organización social de la región
El municipio de Tula se convirtió en el centro de atención arqueológica tras el hallazgo de diversos contextos funerarios, incluidos cinco entierros semejantes a tumbas de tiro, descubiertos durante la excavación de un conjunto doméstico prehispánico cercano a la comunidad de Ignacio Zaragoza. Estos hallazgos serán fundamentales para comprender la cultura, estructura social y creencias de los pobladores de la región durante el apogeo de Teotihuacan.
La secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, destacó la relevancia de los hallazgos: “Cada entierro, cada ofrenda y cada contexto recuperado por el INAH aporta información sobre las formas de vida, las creencias y la organización social de quienes habitaron esta región hace más de mil años”, enfatizando que el salvamento arqueológico puede coexistir con el desarrollo de infraestructura.
Desde septiembre de 2025, un equipo del Proyecto de Salvamento Arqueológico del Tren de Pasajeros Ciudad de México-Querétaro, coordinado por el arqueólogo Víctor Heredia Guillén y bajo la Dirección de Salvamento Arqueológico del INAH, trabaja en un área de 2,400 metros cuadrados coincidente con la traza de la línea ferroviaria.

La arqueóloga Laura Magallón Sandoval, responsable en campo, indicó que los indicios surgieron al observar restos de cerámica posclásica Coyotlatelco y Mexica, lo que derivó en pozos de sondeo que evidenciaron desplantes de muros y la estructura de pequeños conjuntos residenciales. Los espacios fueron organizados alrededor de patios, con viviendas orientadas en sentido norte-sur y este-oeste.
Las excavaciones revelaron cistas en superficie y tumbas semejantes a las de tiro excavadas en tepetate. La mayoría de los elementos hallados pertenecen a las fases Tlamimilolpan (225-350 d.C.) y Xolalpan (350-550 d.C.), durante la época teotihuacana. Según los antropólogos José Manuel Cervantes Pérez y Abril Machain Castillo, se recuperaron restos de individuos infantiles, juveniles y adultos, con entierros colectivos e individuales.
En particular, en una habitación se identificaron dos tumbas de tiro: la del norte contenía ocho individuos, la mayoría adultos, acompañados de 47 vasijas miniatura. Se observó que seis de los individuos fueron depositados en posición sedente, con las ofrendas cerámicas al pie, y dos presentaban contextos removidos, posiblemente por reocupación del espacio. Entre el ajuar se halló concha nácar en forma semicircular y una placa pequeña, mientras que en la otra tumba se encontraron vasos esgrafiados, preservados para microexcavación.
El arqueólogo Jonathan Velázquez Palacios destacó que la zona norte de Tula ha sido explotada como banco de cal desde tiempos prehispánicos, material esencial para los estucados de Teotihuacan, ubicada a 90 kilómetros. Además, la región cuenta con múltiples asentamientos del periodo Clásico (200-650 d.C.), incluyendo Chingú como centro regional, así como El Tesoro, Acoculco, El Llano y La Malinche, evidenciando la interconexión con la cultura teotihuacana.
Los trabajos en el sitio Ignacio Zaragoza, donde también participan arqueólogos como Cecilia Carrillo Román, José Muñoz Sánchez y Johan González Ávila, permitirán integrar los hallazgos dentro de un análisis regional más amplio y comprender la dinámica social y funeraria vinculada a Teotihuacan.
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