La cinta, escrita por Will Soodik, utiliza el universo de los backrooms para explorar temas relacionados con la salud mental y los traumas personales
Lo que comenzó como una inquietante imagen publicada en un foro de internet se ha transformado en uno de los fenómenos cinematográficos más sorprendentes del año. Backrooms: Sin salida, la nueva producción de terror del estudio A24, demuestra que las historias nacidas en la cultura digital pueden competir con las grandes franquicias de Hollywood y conectar con una generación marcada por la incertidumbre, la nostalgia y la vida a través de las pantallas.
El origen de los llamados “backrooms” se remonta a 2019, cuando usuarios anónimos del foro 4chan compartían imágenes que provocaban una sensación extraña o perturbadora. Una fotografía de una oficina vacía, cubierta por papel tapiz amarillo y luces fluorescentes, dio pie a una historia que describía un espacio infinito y desolado al que se accedía tras “salirse de la realidad”. La idea capturó rápidamente la imaginación de miles de internautas.
Te puede interesar: Descubre la verdad sobre Paco Stanley en nuevo documental
El concepto dio un salto decisivo gracias al joven creador Kane Parsons, quien con apenas 16 años produjo una serie de cortometrajes en YouTube utilizando el software de modelado digital Blender. Sus videos, caracterizados por una estética de metraje encontrado y escenarios laberínticos, acumularon más de 200 millones de visualizaciones y consolidaron a los backrooms como uno de los mitos contemporáneos más populares de internet.
Ahora, con solo 20 años, Parsons se convirtió en el director más joven en la historia de A24 al encabezar la adaptación cinematográfica. La apuesta resultó un éxito inesperado: con un presupuesto cercano a los 10 millones de dólares, la película superó los 100 millones de dólares en taquilla mundial durante sus primeros días de exhibición.
La cinta, escrita por Will Soodik, utiliza el universo de los backrooms para explorar temas relacionados con la salud mental y los traumas personales. La historia sigue a Clark, interpretado por el actor nominado al Óscar Chiwetel Ejiofor, un vendedor de muebles que descubre una entrada a estos espacios inquietantes mientras enfrenta las secuelas emocionales de su divorcio. Junto a su terapeuta, Mary, encarnada por Renate Reinsve, deberá confrontar recuerdos y heridas que parecen cobrar vida dentro del extraño laberinto.
Especialistas señalan que el éxito del fenómeno responde al atractivo de los llamados “espacios liminales”: lugares de transición como pasillos, oficinas vacías o habitaciones abandonadas que generan una sensación de desorientación.

La popularidad de los backrooms también se refleja en redes sociales y plataformas digitales. TikTok acumula más de 30 mil millones de visualizaciones relacionadas con el tema, mientras que comunidades en Reddit reúnen a cientos de miles de seguidores. Además, el concepto ha inspirado videojuegos en plataformas como Steam y Roblox.
Te puede interesar: Persépolis: la memoria de una generación en viñetas
Para analistas de la industria, el éxito de Backrooms confirma un cambio profundo en Hollywood. Los estudios ya no solo buscan historias originales, sino también creadores con comunidades digitales consolidadas. En un contexto donde el cine compite con el streaming y las redes sociales por la atención del público, proyectos nacidos en internet se están convirtiendo en una nueva fuente de talento y rentabilidad.
Con su mezcla de terror psicológico, nostalgia noventera y reflexión sobre la realidad contemporánea, Backrooms demuestra que los miedos de la generación digital pueden encontrar un lugar privilegiado en la gran pantalla.
Suscríbete a Criterio Hidalgo y conoce nuestros contenidos exclusivos https://suscripciones.criteriohidalgo.com/planes