En el ámbito educativo, la adolescencia no debe verse como un obstáculo, sino como el momento propicio para incidir significativamente en el tejido social

La adolescencia constituye una etapa del desarrollo humano marcada por profundas transformaciones biológicas, psicológicas y sociales. Tal como lo señalaron Arminda Aberastury y Mauricio Knobel en 1988 al describir el Síndrome Normal del Adolescente, este periodo implica duelos necesarios, ambivalencia emocional, necesidad de pertenencia y construcción de una identidad. Lejos de patologizar estos cambios, es preciso comprenderlos como parte de un proceso normativo y adaptativo e incluso elogiarlos.
El adolescente transita un mundo estructurado por y para los adultos, lo cual demanda de nosotros —madres, padres, docentes y adultos significativos— una doble responsabilidad: reconocerlos como seres en construcción, marcando límites claros que les den seguridad y, sobre todo, modelar conductas saludables en contextos de un mundo que muchas veces les muestra violencia como única respuesta.
Rodearnos de adolescentes representa una oportunidad única: su fuerza, creatividad y resiliencia los convierten en agentes potenciales de transformación. En el ámbito educativo, la adolescencia no debe verse como un obstáculo, sino como el momento propicio para incidir significativamente en el tejido social.
Si aspiramos a un cambio profundo, este solo será posible si creemos y apostamos por nuestros adolescentes.
Aberastury, A., & Knobel, M. (1988). La adolescencia normal: Un enfoque psicoanalítico. Buernos Aires: Paidós.
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