Imagen: Elvira Hernández Carballido
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Gonzalo Martré, ayer, hoy y siempre

No alcanza esta columna para enumerar toda la admirable obra de este querido escritor hidalguense nacido en Metztitlán (1928). Supe de su existencia cuando entré a trabajar a editorial Novaro, 1983, y aunque yo escribía Sal y Pimienta…

Imagen: Gonzalo Martré, ayer, hoy y siempre

Elvira Hernández Carballido

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Leerlo es una aventura gozosa y escucharlo provoca que surja una fascinación total. Al verlo, nuestra mirada queda atrapada ya sea por su manera de lucir un sombrero, por el colorido del saco o una corbata que le da un toque de elegancia. Siempre irreverente, cada uno de sus libros reafirma esa personalidad que jamás puede pasar desapercibida, se impone en cualquier escenario. Es don Gonzalo Martré.

No alcanza esta columna para enumerar toda la admirable obra de este querido escritor hidalguense nacido en Metztitlán (1928). Supe de su existencia cuando entré a trabajar a editorial Novaro, 1983, y aunque yo escribía Sal y Pimienta, un amigo mío fue asignado a continuar las aventuras del gran Fantomas, la amenaza elegante, una historieta cuyo protagonista tenía el rostro cubierto por una máscara blanca, inteligente ladrón filántropo, siempre misterioso, que se convirtió en un superhéroe mexicano muy popular. Mi compañero lo veía como un gran reto, entonces mencionó con verdadera devoción que, durante la década de los 70, el argumentista que había hecho brillar a ese personaje se llamaba Gonzalo Martré. Su nombre se me quedó grabado pues mi amigo no paraba de hablar maravillas de él. Empezó a prestarme libros como Los endemoniados (1967).

Después, ya por iniciativa propia, leí El pornócrata (1978), novela satírica mexicana, y Safari en la zona rosa, pionera en la temática gay.

Ingeniero químico, narrador, periodista, investigador, cronista, ensayista, crítico social, provocador e irreverente, no hay escapatoria alguna cuando caes en las redes de sus textos. Agustín Cadena advierte que don Gonzalo es y será un escritor de postura independiente, “inflexible ante la presión de los grupos y las figuras de poder de la vida literaria”, además “como pocos, ha sabido combinar el erotismo y el sentido del humor, la fantasía y la sátira social. Éstas han sido sus constantes, si es que podía hablarse de constantes en un escritor tan versátil”.

Y vaya que lo es, se puede encontrar su firma en un libro para público infantil como El abuelo, la cigarra y la hormiga o sorprender por su clara prospectiva si lees Gooool, el día en que México ganó el Mundial, un thriller de ciencia ficción, coctel explosivo de espionaje, futbol soccer y visión dantesca de la Ciudad de México en el 2058.

Hace poco encontré en formato digital su catálogo La Ciencia Ficción en México (2004), según Martré, los precursores de este género pueden encontrarse con intentos y experimentos literarios desde 1775. En su cronología enumera infinidad de autores que una vez o más han escrito este género literario. Mi mirada feminista buscó de inmediato a las mujeres y, al parecer, fue en 1962 cuando apareció el primer texto firmado por una mexicana, ella fue Beatriz Castillo.

Por supuesto, uno de mis libros favoritos es El Regreso de Fantomas, la amenaza elegante (2013), ya que me permite volver a mis inicios de historietista, y confirmo la versatilidad de don Gonzalo.

Cuando estuve de anfitriona en diferentes salas de la Feria Universitaria del Libro (FUL) tuve muchas oportunidades de saludarlo y platicar con él, por cierto, ahí existe un salón en su honor que lleva su nombre e incluso expone objetos de su propiedad.

Me encantaba verlo cómo disfrutaba charlar con la comunidad universitaria, pero ¿saben?, confesaré que su personalidad se me imponía y apenas en 2025 me animé a pedirle un autógrafo. Ese día me conmoví mucho al ver que su libro Rumberos de ayer, hoy y siempre (2018) se lo había dedicado a mi padre académico, mi amado maestro Froylán López Narváez, que hizo célebre la frase “La rumba es cultura”. Entonces, en la primera página de ese texto, leo emocionada: “Para Elvira con mucho cariño. Gonzalo Martré”.

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