No tengo ánimos de escribir de política o de la situación tan violenta que envuelve al país. Estas líneas solo son para escribir lo que me sale del corazón.

No tengo ánimos de escribir de política o de la situación tan violenta que envuelve al país. Estas líneas solo son para escribir lo que me sale del corazón.
Han ocurrido cosas en mi vida que no debieron suceder, pero, por algo, ocurrieron. Alguna vez en esta columna escribí el colofón sobre las segundas oportunidades. Aquellas que ocurren y se dan.
Había ganado recientemente Mario Bezares el reality show La Casa de los Famosos y comenté entonces que me alegraba mucho ver cómo la vida le dio una segunda oportunidad después de haber estado en el ojo del huracán durante años, de haber sido señalado por un delito que, después de los procesos legales y jurídicos, no cometió. Entonces me alegré, porque la vida le daba una oportunidad más después de casi 30 años de haber sido juzgado moralmente por un país.
Si cometió o no el delito en cuestión y fue juzgado de otra forma, ya es otra cosa, pero la vida le dijo “no estás solo, la gente aún te quiere; te admiran por ser tú”, y se lo compensó con un gran premio económico, pero el que vale más fue el cariño del público.
Hoy, mientras escribo esto, así me siento. Que la vida me está dando una segunda oportunidad. Hoy abracé a una persona que tenía más de un año de no abrazarla, de no decirle lo que mi corazón estallaba por decirle: “perdóname”, y rompí en llanto. Un llanto auténtico, un llanto que tenía atorado desde hace mucho tiempo.
No voy a ahondar en la situación, pero solo mis amigos muy cercanos y quienes estuvimos involucrados sabemos lo que ocurrió. Por qué ocurrió. Cómo ocurrió.
No somos perfectos. Reconozco que he cometido muchos errores en la vida y todos y cada uno se pagan en este plano terrenal. Antes de irnos ajustamos cuentas.
Hoy es un día de redención para mí. Así que, si alguna vez ofendí a alguien, solo puedo decir eso: perdóname.
Como humanos, a veces fallamos. También fallamos como hijos, como hermanos, como tíos, como cuñados. Pero la vida siempre nos da una segunda oportunidad. Y debemos tomarla. Aprovecharla.
Al final de cuentas, somos la respuesta de todo lo que en la vida nos ha ocurrido. Aceptemos eso y a seguir adelante.
Por hoy, dejo estas reflexiones hasta aquí. Aunque aún hay mucho que decir, es lo que me sale del corazón.
SU CINTO: Abracemos, queramos, amemos. Solo eso. Solo por hoy
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