Fue por querer verse modernos, por tener un sistema “bonito” en papel y ahí fue donde la puerca torció el rabo

Bertha Alfaro
“Hora y media para poder salir de la ciudad”.
“No es de Dios”.
“Antes en 15 minutos ya estábamos en Matilde”.
Vivir en Pachuca y tener que entrar o salir por el bulevar Felipe Ángeles es una chinga, no hay otra forma de decirlo, pero no siempre fue así.
Ese bulevar sí fue planeado, no fue improvisado, no fue al aventón. Desde los años 80, con el exgobernador Guillermo Rossell de la Lama, se pensó como una vía amplia, con margen para crecer, con visión.
Se veía venir que la ciudad iba a expandirse y que el número de autos irremediablemente aumentaría.
Y sí, Pachuca creció.
Pero luego llegaron los genios.
Cuando metieron el Tuzobús con Francisco Olvera Ruiz, no había el nivel de caos que hoy vivimos.
Fue por querer verse modernos, por tener un sistema “bonito” en papel y ahí fue donde la puerca torció el rabo.
Quitaron carriles, ¡sí!, quitaron carriles y ni siquiera aprovecharon el camellonzote que ya existía como reserva. Tenían el espacio y ni así supieron usarlo, castigando la movilidad.
Luego entra Omar Fayad Meneses y medio corrige. Regresa parte del carril a los autos en algunos tramos.
No fue la gran solución, pero al menos alguien entendió que la cosa ya estaba mal y que era necesario un sistema híbrido que desahogara el tráfico, aunque algunos piensen que eso es para privilegiados.
Pasó el tiempo y cambió la administración que decide confinar nuevamente el carril como si estuviéramos en una ciudad donde el sistema funciona, porque, según esto, “así debe operar un BRT”.
¿Perdón?
¿Un sistema donde hay usuarios que reportan esperas de 20 o hasta 30 minutos? ¿Ese es el gran modelo que hay que defender?
Nos quitaron otra vez espacio en la principal entrada de la ciudad para un sistema que no funciona bien.
Y, por si no fuera suficiente, la ciudad está llena de obra tras obra tras obra. Calles cerradas, desvíos improvisados, tráfico por todos lados.
Salir ya era una chinga y ahora es el doble.
Hay quienes publican en redes su sufrimiento y no falta quién les pregunta si llevan lonche y cobija por si les agarra la noche.
Aunque parece broma, lo cierto es que en ocasiones a los ciudadanos no nos queda de otra, tomarlo a broma, porque el hígado cada vez resiente más los encabronamientos un día sí y otro también, a causa de lo difícil que resulta moverse de un lado a otro de la ciudad y todos debemos estar preparados psicológicamente para enfrentar los atorones cotidianos.
Hoy circular en Pachuca es perder tiempo, paciencia y ganas.
El bulevar Felipe Ángeles no falló.
Los que fallaron —y siguen fallando— son los que lo han intervenido sin entender lo que tenían en las manos.
Y mientras ellos ajustan, prueban, se equivocan y vuelven a empezar, los demás nos quedamos atorados en el tráfico, en ocasiones con urgencia de movilidad, un enfermo, una mujer a punto de dar a luz o alguien malito del estómago.
PALABRAS MÁS, PALABRAS MENOS
Tremenda controversia ha causado el desalojo, perdón, recuperación del edificio que, por casi tres décadas, la Fundación Arturo Herrera Cabañas utilizó como espacio para el desarrollo cultural abierto a toda la sociedad y a todas las expresiones artísticas, la mayoría de las veces sin apoyos gubernamentales.
Y ahora que todos los ojos están puestos en un inmueble que por años pasó inadvertido, la pregunta obligada:
¿Por qué no tomarse un café y sumarse a la fundación para continuar con la obra cultural que tanto amaron el Cherokee y Granados Chapa?
Espero sus comentarios.
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