En dichas localidades, la enseñanza de los menores se da en aulas multigrado con filtraciones, encharcamientos y goteras

La educación indígena y comunitaria en la Huasteca continúa sosteniéndose entre esfuerzos institucionales insuficientes y el respaldo de las propias comunidades | Foto: Especial
En la Huasteca hidalguense, estudiar en una escuela indígena o comunitaria todavía significa hacerlo, en muchos casos, en medio de carencias que van desde la falta de agua y el deterioro de la infraestructura hasta las dificultades para atender a alumnos que tienen como lengua materna el náhuatl.
Aunque los subsistemas de educación indígena y comunitaria fueron creados para acercar la enseñanza a las localidades más apartadas, en la práctica siguen enfrentando rezagos que colocan a estudiantes, docentes y familias en condiciones desiguales frente al resto del sistema educativo.
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En municipios como Huejutla, donde existen comunidades dispersas y de alta marginación, el Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe) mantiene presencia a través de escuelas comunitarias.
Criterio intentó dialogar con personal de educación indígena y de Conafe para conocer las condiciones en las que trabajan los planteles de la región; sin embargo, ambos sectores aseguraron que no enfrentan carencias y prefirieron no emitir recomendaciones. Pese a ello, testimonios recabados en comunidades y entre padres de familia reflejan una realidad distinta.

Luis del Ángel Hernández, padre de familia, contó que su hijo estudia en la primaria Emiliano Zapata, pero no está del todo conforme con la atención que recibe, pues considera que el instructor es muy joven y con poca experiencia. Aun así, cambiarlo a otra escuela no es una opción sencilla. Explicó que no cuenta con los recursos económicos para enviarlo a otro plantel y, además, en varias localidades cercanas también predominan las escuelas multigrado, donde un solo docente atiende a estudiantes de distintos grados en la misma aula.
Ese modelo, frecuente tanto en Conafe como en educación indígena, representa uno de los principales retos para la enseñanza en la Huasteca. A las exigencias pedagógicas de atender varios niveles al mismo tiempo se suman las condiciones materiales en las que operan algunos planteles. Padres de familia y habitantes de la región señalan que hay escuelas con falta de agua, filtraciones, encharcamientos y techos que requieren impermeabilización o rehabilitación.
Uno de los casos más representativos se encuentra en la localidad de Huitzitzilinguito, donde alumnos y padres construyeron un aula reutilizando botellas de PET. La escena exhibe la forma en que, ante la insuficiencia de apoyos institucionales, son las propias comunidades las que terminan resolviendo parte de las necesidades de infraestructura para que las clases continúen.

A ello se suma el desafío lingüístico. Vicente Hernández, profesor jubilado, recordó que desde años atrás dar clases en la Huasteca implicaba enfrentar no solo carencias materiales, sino también la necesidad de enseñar a niñas y niños que hablaban náhuatl como primera lengua. Explicó que el proceso para enseñar español no era el mismo que con alumnos hispanohablantes, por lo que el trabajo en el aula requería más tiempo, herramientas y estrategias específicas.
Aunque reconoció que ha habido avances, señaló que la brecha sigue presente. En algunas escuelas persisten limitaciones en materiales didácticos, infraestructura y condiciones de servicio.
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La educación indígena y comunitaria en la Huasteca continúa sosteniéndose entre esfuerzos institucionales insuficientes y el respaldo de las propias comunidades, que siguen haciendo frente a una deuda histórica en una de las regiones con mayor riqueza cultural del estado.
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