En antaño las unidades de transporte traían una imagen religiosa, donde los usuarios podían santiguarse, también frases como “Señor, acompaña mi camino; si este es mi último viaje, llévame contigo”.

José Raquel Badillo Medécigo
Ayer hubo una volcadura de un Tuzobús. Afortunadamente la unidad alimentadora no llevaba pasajeros, y gracias a esto no hubo víctimas que lamentar.
Resulta preocupante lo que ocurre en el sistema de transporte público. En antaño las unidades de transporte traían una imagen religiosa, donde los usuarios podían santiguarse, también frases como “Señor, acompaña mi camino; si este es mi último viaje, llévame contigo”.
El lamentable accidente ocurrido la semana pasada entre una Urvan de pasajeros y un transporte de materiales, con saldo de más de una decena de lesionados y una persona fallecida, obliga a la reflexión conjunta de servidores públicos ligados con el transporte y de los concesionarios de dichas rutas.
Las preguntas en las redes sociales saltaron de inmediato al publicar el lamentable suceso. ¿Pues cuántos pasajeros viajan? Obviamente más de los autorizados y es aquí el punto de quiebre, ¡no para hacer escarnio sobre la culpabilidad! Sino para buscar soluciones.
En horas pico, el transporte se vuelve un tanto difícil de conseguirlo, por lo que la gente que espera tan pronto pasa una colectiva la abordan, aun si no hay cupo. Y aquí el problema es doble, pues a pesar de ya no tener asientos disponibles, los usuarios se ven obligados a viajar de pie; pero el otro problema aun mayor es que dicho vehículo no está diseñado para que vaya una persona de pie.
Si las flotillas de transporte cada determinado tiempo se renuevan, ¿por qué no pensar en utilizar nuevamente “microbuses”? Está opción cuando menos ofrece viajar ergonómicamente de pie y evitar a los usuarios hacerla de cobradores cuando van pasando el pasaje de mano en mano hasta que el pasaje llega al chofer. Resulta un tanto molesto para los pasajeros frontales estar recibiendo el pasaje de cada usuario que ya ni de favor piden pasar su pasaje. Viajando en microbús cada usuario al abordar paga su pasaje.
Aunado a lo expuesto, tomando en cuenta que Pachuca es una zona metropolitana, donde la mancha urbana abarca a los municipios conurbados, la dispersión de sus fraccionamientos obliga necesariamente sus rutas por los bulevares, mismos que conducen con mayor velocidad.
El público usuario que es beneficiario debería saber con qué frecuencia están obligados a pasar, para que en caso de retraso puedan imponer una denuncia vía telefónica a las oficinas del transporte.
Pareciera también que el checado en cuanto a las salidas no es real, porque los choferes se rehúsan a iniciar el viaje si no está llena al cupo su unidad. Esto deja sin la posibilidad real que un usuario a medio trayecto pueda encontrar un ascenso debido.
Resulta hasta inverosímil escuchar versiones que cuando hay un accidente algunas unidades no cuentan con el seguro de viajero, que es reglamentario. ¿A quién echarle la culpa, si es un requisito ineludible?
Muchos vicios existen cuando no son transparentados.
Imaginémonos que un transporte público pone al interior de su ventanilla con qué aseguradora se encuentra, cuántos pasajeros están asegurados y, lo más importante, cuándo termina la vigencia del seguro. Sin duda que, por tratarse de la seguridad propia del pasajero, verificaría estos datos esenciales. Y poner el número telefónico para reportar las posibles irregularidades.
Pareciera —y en esto las autoridades tienen mucho que ver— que quedaron en el olvido aquellos tiempos en que el tarjetón de las unidades era visible y se colocaba ampliado con el nombre y la fotografía del conductor. Hoy, en muchas unidades, esa disposición se ha convertido prácticamente en letra muerta.
DICE RACHY: “Una ciudad avanzada no es aquella donde los pobres usan automóvil, sino donde los ricos usan transporte público”. — Enrique Peñalosa, exalcalde de Bogotá.
Mucha gente se traslada en bicicleta, pero falta mucha cultura al respecto; empezando por las autoridades correspondientes que poco hacen por incentivar este medio, aunado a los automovilistas que fingen ignorar el orden de preferencia; aquí se los recuerdo: peatones, vehículos de emergencia, trasporte escolar, ciclistas, transporte público, transporte de carga y al final automóvil particular.
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