Muchas veces me he preguntado qué ha ganado el pueblo de México con un gobierno laico, pero a todas luces lleno de corrupción

Los Estados Unidos (EU) celebraron sus primeros 250 años de independencia. Pocos países —y aunque duela reconocerlo— pueden jactarse de ser verdaderamente independientes en los diversos ámbitos; sin duda, la nación norteamericana es uno de ellos.
Resulta profundamente simbólico que su sistema institucional busque conducirse bajo el principio de la verdad —”No dirás contra tu prójimo falso testimonio” (Éxodo 20:16)—, un valor arraigado en sus bases cristianas. Si nos remitimos a la toma de protesta de sus presidentes, la Biblia siempre está presente: el mandatario en turno jura cumplir y hacer cumplir la Constitución con la mano sobre el libro sagrado. Muchas veces me he preguntado qué ha ganado el pueblo de México con un gobierno laico, pero a todas luces lleno de corrupción.
En los EU tienen la plena convicción de que el ser humano cambia y sus conductas también; muchos delitos —según su gravedad— suelen prescribir al paso de los años, pues brindan una nueva oportunidad a los inculpados; también, como en cualquier nación democrática, es válido disentir y debatir, pero las afirmaciones deben sostenerse con fuentes, evidencias y datos verificables, no como sucedía aquí cuando algún mandatario se ufanaba al señalar: “Yo tengo otros datos”, pero sin referir ningún sustento ni evidencia.
México dista mucho de este modelo. Mientras que en Estados Unidos la rendición de cuentas ante la ley es un pilar institucional, en nuestro entorno la honestidad suele quedarse en un mero eslogan de campaña.
La fuerza de su independencia radica en sus instituciones. Sus jueces tienen la facultad real de llamar a cuentas a cualquier ciudadano, sin importar el cargo que ostente. Vimos en su momento a Bill Clinton obligado a responder preguntas incómodas e íntimas bajo juramento, enfrentando las consecuencias no de sus actos privados, sino de faltar a la verdad —perjurio—.
Aquí en México, ante una acusación similar, se buscarían mil argucias políticas y legales para evadir la ley y exonerar anticipadamente al mandatario en turno.
El domingo por la noche, más bien el día lunes a primeras horas con el pretexto del futbol, varios jóvenes se reunieron en un domicilio y estuvieron escandalizando; dio la sensación de que sus padres o no estaban en casa o simplemente su autoridad había sido rebasada.
De pronto el escándalo cesó cuando otro vecino de pocas pulgas fue a ese domicilio a bajarles el switch y al dar el apagón desde la calle les gritó: ¡Y atrévanse a seguir haciendo escándalo y se las verán conmigo; temprano voy a trabajar!
Su intervención fue oportuna y en el grupo de WhatsApp otros vecinos le agradecieron que haya puesto un correctivo.
Creo que más o menos también así es la relación de los EU con México.
«Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos». Así se expresaba el presidente Porfirio Díaz, a quien muchos mexicanos lo catalogan como uno de los mejores expresidentes que hemos tenido.
El sistema ferroviario que dejó a lo largo y ancho de la República… con una visión de desarrollo y sustentabilidad y obviamente sin generar deuda al país.
Ojalá algún día el gobierno de México le apueste a potencializarlo. Que tome como modelo a los países que abatieron su corrupción y que sueñe en convertirlo en un país solvente y que deje de añorar ser como Nicaragua o Cuba, con gobiernos que arribaron para sacar una dictadura, para después implementar la suya.
DICE RACHY: Los EU y México se contraponen en muchos aspectos, mientras allá ocupan millas aquí usamos kilómetros; ellos miden en onzas y aquí en gramos. Allá le apuestan a honrar la palabra y esto es inverosímil para el gobierno mexicano… para ellos las pruebas se vuelven sólidas cuando curiosamente los testigos protegidos tienen el mismo libreto…
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