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Hace (1) meses

El espacio público y las desigualdades sociales

Sí, el espacio público funciona como un medio para la reproducción de las desigualdades sociales; la espacialización de la violencia existe.

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Si nos detenemos a observar por un momento la transformación urbana de nuestra ciudad, al día de hoy, podríamos constatar algunas cosas: el exponencial “desarrollo inmobiliario”, la re-producción de espacios “públicos” orientados al consumo y, al mismo tiempo, una movilidad orientada a quienes tienen un automóvil particular.

Podemos partir desde el evidente y desbordado crecimiento de la mancha urbana, resultado de la proliferación de “fraccionamientos” y “privadas”, donde los “tomadores de decisiones” permiten el cambio de uso de suelo a discreción, así como la especulación desde hace ya algunas décadas.

En un acto seguido, quienes autorizan y ejecutan el “desarrollo inmobiliario” en su concepción de ciudad, dejan, a los “espacios públicos”, contenidos en estos “fraccionamientos” “privados”, paradójicamente detrás de los muros y rejas de estos “desarrollos”, configurando así una lógica urbana donde lo público se vuelve privado, bajo el estandarte de la seguridad y plusvalía; en paralelo, cuando volteamos a ver los pocos espacios “públicos”, fuera de “las privadas”, encontramos un parque completamente cercado y sin conexión directa a las colonias que lo rodean volviendo a la paradoja del espacio público, pero que se somete a la idea de lo privado.

Si pudiéramos observar a Pachuca siguiendo la ruta de lo ya mencionado, descubrimos que la “movilidad” es en gran medida consecuencia todo lo anterior, entendiendo que el transporte público no es prioridad para llegar a los “espacios privados” y como prueba de ello tenemos la ineficiencia del mismo y su escasez en las periferias; así mismo, el desinterés por alternativas de movilidad que beneficien a toda la población.

Sí, el espacio público funciona como un medio para la reproducción de las desigualdades sociales; la espacialización de la violencia existe.

La espacialización de la violencia produce desigualdad y perjudica en mayor grado siempre al ciudadano de a pie, al menos privilegiado, al vecino que sufre la carencia de agua en su colonia y padece un drenaje insuficiente porque “ya pusieron un nuevo fraccionamiento”, quien no puede disfrutar una tarde de recreación con su familia sin pagar por algo o ser inducido al consumo, en el trabajador que pasa horas en el transporte público para llegar a su centro de trabajo. ¿Será que a los tomadores de decisiones se les olvida que la transformación urbana siempre posee una dimensión de clase? Y son los más pobres, los marginados del poder político, quienes más sufren esos procesos.

Con todo esto vale la pena reflexionar, ¿de qué forma la producción del espacio (urbano en este caso) impone por la fuerza directa o indirecta mecanismos de despojo y subordinación a los ciudadanos? ¿Cómo favorece para la concentración de riqueza y de poder social en unos cuantos?, ¿Estamos frente a las consecuencias de la espacialización de la violencia? 

Pensemos un poco y preguntémonos: ¿quién es el responsable?

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