
Elvira Hernández Carballido
“La primera vez que escuché Blue Moon fue en la película de Selena. Tendría alrededor de nueve años cuando un domingo, gracias a canal Cinco, se me abrieron las puertas del tiempo y descubrí́ que el mundo está lleno de música vieja y lejana. Para ese entonces, mi único encuentro con música de otras épocas habita sido a través de El Fonógrafo, una estación de radio que escuchaba en la casa de mis abuelos. Mi mente era muy nueva para los idiomas y yo no sabía inglés, pero fue como si las conexiones de mi cerebro hubieran descifrado el significado de la canción y me hubieran revelado la historia detrás de la luna”.
Este fragmento lo escribió Enid Carrillo y hasta la fecha no me sorprende que cuando le pido a mis estudiantes elegir un relato de la antología Orquesta de Memorias con el que se identifiquen al evocar las emociones que despiertan la radio y la música la mayoría coincida en elegir El descubrimiento de la luna, el texto firmado por ella que desde los primeros párrafos delata la sensibilidad, la empatía y la inspiración provocadora de esta admirada escritora hidalguense.
Si bien estudió la Licenciatura Comunicación en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo —ahora es doctora en Ciencias Sociales—, no tuve la suerte de coincidir con ella en el salón de clases. La encontré en los gozosos talleres que cada verano imparte Agustín Cadena en nuestro estado y cuando ella leía los cuentos salidos de su imaginación inspiradora siempre había poco que corregir y mucho que sentir. El estilo enidista parecía estar conformado de margaritas deshojadas con soplidos nostálgicos, escrito con tinta color violeta de intensa tonalidad y enredado en fuertes ventarrones que despeinan profundamente tu alma.
Empezar a leerla representa atisbar la neblina que corona algún pueblito olvidado y pese a todo decides perderte en sus caminos, segura que encontrarás emociones dignas que despertarán tus adormilados sentidos.
Enid es una hechicera de frases que pueden tatuarse en el viento, sabe poner sal a la herida de los frutos, despierta la furia del mar más tranquilo y abre mil jaulas para permitirnos volar con ella e identificarnos con sus palabras y provocar el sortilegio de convertirse en nuestra voz, agradecerle ser nuestra voz. Si explora el dolor, palpamos la melancolía enterrada en nuestro pasado. Si nos aproxima a la oscuridad, cerramos los ojos para andar junto con ella. La ira que pinta en algunos paisajes hechiza sin remedio alguno. Reconoces los escenarios más escabrosos quizá porque alguna vez hemos estado en ellos, ya que no son nada desconocidos para las mujeres fuertes.
Celebré que en 2018 Enid obtuviera el Premio Estatal de Cuento Ricardo Garibay con la obra La noche nunca termina, un libro que nunca deja de sorprenderte, al que te asomas otra vez sabiendo que volverá a atraparte, que a veces dolerá y otras reconciliará con la vida. Al leerlo quieres conocer Mogotes para atisbar la manera en que el sol arruga su tierra. Anhelas descomponerte como la protagonista de Cataplasmas del olvido para que no pueda llamarte la atención eso de amar a un hombre. Deseas pedirle a El árbol de los secretos que esta vez sea leal y siga guardando todas nuestras culpas. Quisieras poder cambiar esos raros destinos para que la felicidad no tenga que esperar o brindar con ese té que se bebe cuando no hay amor ni deseo como lo hacía Martina. Tomar de las manos a Juvencia para compartir con ella la sensación de sentirse viva. Y comprender que La noche nunca termina cuando los sueños vaticinan el más profundo de los miedos o las más ilusionada libertad.
Enid Carrillo ha publicado también Como un fruto herido y Un árbol lleno de gusanos. He tenido el orgullo de estar cerquita de ella en alguna presentación editorial y también cuando hemos coincidido en las páginas de antologías como Lotería y Orquesta de Memorias. Generosa, ha corregido algunos de mis escritos para dejarlos más brillositos. Sinceramente sus cuentos se vuelven espejos y en uno de mis favoritos confirmó conmigo que el llanto de una sirena aniquila todo lo que se encuentra a su paso, como un tsunami… Ya lo ven, Enid es nuestra voz.
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