La vida de Fernández Mondoño, dicen sus biógrafos, se enmarcó desde su niñez entre la apacible vida provinciana de Tulancingo y las premuras del ambiente capitalino

Como su antecesor —el gobernador Antonino Tagle—, el licenciado Justino Fernández Mondoño, segundo titular del Ejecutivo estatal, nació en la capital de la República el 22 de junio de 1822, y al igual que aquel su relación con las hoy tierras hidalguenses fue la propiedad familiar de las haciendas Totoapa el Grande, Tepenacasco y Zupitlán, ubicadas entre los actuales municipios de Acatlán y Tulancingo.
La vida de Fernández Mondoño, dicen sus biógrafos, se enmarcó desde su niñez entre la apacible vida provinciana de Tulancingo y las premuras del ambiente capitalino, donde su padre, el reconocido abogado Alonso Tomás Fernández y Pérez, se desenvolvía entre los tribunales judiciales y los centros de comercio donde negociaba los productos de sus haciendas y, como su progenitor, el futuro gobernador de Hidalgo, tras concluir sus primeros estudios, se matriculó en la Academia de Jurisprudencia Teórico Práctica, donde se graduó en 1852 con la tesis Los Actos Jurídicos en Países Extranjeros.
En 1856 fue electo como diputado para integrar el Congreso Constituyente que aprobó la segunda Carta Magna de país, promulgada el 5 de febrero de 1857, donde representó a la región de Tulancingo, en la que se concentraban sus principales intereses económicos. En 1861, tras ser electo diputado al Congreso de la Unión, nuevamente por la región tulancinguense, aparece entre los representantes populares que solicitaron al presidente Juárez la creación del estado de la unión que llevaría el nombre del Padre de la Patria, acción que se repitió al restaurarse la República, que concluyó finalmente con la creación del estado de Hidalgo el 16 de enero de 1869.
Como ha documentado el investigador Mario Pfeiffer Islas, el abogado Justino Fernández se presentó como candidato a la gubernatura en las primeras elecciones, realizadas en esta entidad en mayo de 1869, en las que obtuvo 144 de los 668 sufragios, siendo el segundo más votado en esa elección realizada de manera indirecta —cada distrito eligió a un representante que sufragó en nombre de toda su circunscripción en favor del que consideró el mejor candidato—. La contienda electoral, lejos de separar a Tagle y a Fernández, los unió, de modo que al concluir la gubernatura Tagle todo estaba dispuesto para que Fernández fuera electo por voto popular como segundo gobernador del estado.
Su gobierno se identificó fundamentalmente con las tareas educativas, una de ellas, apurar los trabajos de adaptación del otra Hospital de San Juan de Dios en la calle Abasolo, para alojar al Instituto Literario del Estado, lo que sucedió en febrero de 1875. Justino Fernández no concluyó su periodo como gobernador de Hidalgo debido a que, como bien señala el historiador hidalguense Teodomiro Manzano, al triunfo de la Revolución de Tuxtepec, que llevó a Porfirio Díaz a la presidencia de la República, se hizo cargo del Ejecutivo local el general Rafael Cravioto a partir del 25 de noviembre de 1876.
Al dejar el gobierno hidalguense el licenciado Fernández se dedicó por entero a la administración de las propiedades urbanas y agrícolas de la familia; sin embargo, su figura había crecido de manera sustancial, por lo que en febrero de 1885 fue designado director de la afamada Escuela Nacional de Jurisprudencia —la misma que había fundado y dirigido el también gobernador de Hidalgo Antonino Tagle—. Su nombramiento se originó, señalan las crónicas periodísticas de la época —incluidas en los diarios El Imparcial, El Mundo, El Siglo XIX y El Monitor, entre otros—, debido al gran prestigio y reputación con que se le reconocía, pero ante todo por el profundo respeto que le tenía la comunidad estudiantil en razón de su gran trayectoria como jurista.

Es importante destacar que Fernández nunca impartió cátedra y su labor al frente de la importante institución formadora de juristas del país fue en todo momento de carácter administrativo y desde luego de orden protocolario para vestir actos solemnes como la inauguración de cursos, la recepción de personajes destacados, la presidencia de los jurados en los exámenes profesionales y otras similares. El otrora constituyente de 1857 fue también el más longevo de los directores de la Escuela Nacional Jurisprudencia, pues se desempeñó en el cargo por 16 años, ya que renunció a este encargo al ser nombrado por el presiente Porfirio Díaz como ministro de Educación Pública y Justicia, cargo que desempeñó de 1901 a 1904, año en el que a instancias suyas tal ministerio fue dividido en Instrucción Pública y Bellas Artes, por un lado, y el de Justicia, por el otro; para el primero fue designado el maestro Justo Sierra, y Fernández permaneció en el de Justicia hasta mayo de 1911, al renunciar el caudillo a la presidencia de la República. Meses después, en agosto del mismo año, murió en Ciudad de México.
Su hijo menor, el doctor en historia del Arte Justino Fernández García, nacido en 1904, cuando el padre tenía 75 años, se relacionó ampliamente con el estado de Hidalgo en virtud del importante patrimonio artístico e histórico que se conserva en la entidad que un día gobernó su padre, el doctor Fernández García, figura junto a Manuel Tussaint y Luis Azcue Mancera como autor del Catálogo de Construcciones Religiosas, obra magna sobre el inventario de monumentos históricos de la entidad que solo encuentra paragón con su similar de Yucatán.
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