La polémica suscitada en relación con fiesta brava —las corridas de toros—, añeja tradición que con el nombre de “suerte de varas” fue traída de Allende los Mares y pronto adoptada como parte de las festividades de rancherías

La polémica suscitada en relación con fiesta brava —las corridas de toros—, añeja tradición que con el nombre de “suerte de varas” fue traída de Allende los Mares y pronto adoptada como parte de las festividades de rancherías, pueblos y ciudades, tuvo en las hoy tierras hidalguenses un peculiar seguidor y practicante cuyo nombre quedó inmortalizado en la plaza monumental de Pachuca.
Vicente Segura Martínez —que tal fue su nombre— nació en la ciudad de Pachuca el 12 de diciembre de 1883, hijo de Guillermo Segura Pesado y Laura Martínez, integrantes de una acaudalada familia, accionista de la Compañía Minera de San Rafael y Anexas en Pachuca y dueña de diversas haciendas y ranchos en la región de Huasca, por azares del destino, ambos murieron muy jóvenes dejando en la orfandad a Vicente y a sus tres hermanos: Guillermo, Ramón y Rafael, quienes heredaron una cuantiosa fortuna.
El espíritu inquieto, y hasta cierto punto temerario de Vicente, fue propicio para que se adentrara en la tauromaquia como uno de sus más decididos practicantes. Entre 1904 y 1906 recorrió como novillero varias placitas del país —en los estados Hidalgo, México, Tlaxcala y Puebla—. Se cuenta que en esta su etapa de novillero, gracias a su enorme fortuna, Segura pagaba los encierros que lidiaban él y sus alternantes.
Él mismo confió a su biógrafo, don Armando de María y Campos, que a fin de mejorar las instalaciones del viejo hospital de Pachuca —ubicado donde actualmente se encuentran la delegación INAH y la Escuela de Artes— armó presentaciones en las placitas de Pachuca, Tizayuca y Real del Monte, con toros adquiridos de su propio peculio en las en la ganadería de Tepeyahualco.
Finalmente recibió la alternativa —examen práctico como matador de toros— el 27 de enero de 1907 en la plaza de toros El Toreo de la Condesa de Ciudad de México, de manos del torero español Manuel Lara el Jerezano, actuando como testigo el diestro madrileño Ricardo Torres Reina Bombita, quienes lidiaron toros de la ganadería de San Nicolás Peralta. En esa tarde Segura obtuvo su primer apéndice cortado al burel Galope.
Cuatro meses más tarde confirmó su alternativa en Madrid, el 6 de junio de 1907, en la antigua plaza de la carretera a Aragón, en la que fungió como padrino el diestro sevillano Antonio Fuentes y como testigos repitió el ya referido Ricardo Torres Bombita y se sumó Rafael González Machaquito, quienes en esa ocasión lidiaron ocho toros de la ganadería de Rufino Moreno Santamaría.
Después de recibir la alternativa, se quedó a vivir en España, donde toreó ininterrumpidamente hasta ser gravemente herido durante la Feria de Sevilla el 20 de abril de 1910. Tras recuperarse decidió regresar a México, no obstante tener compromisos para actuar en 67 corridas.

Su regreso a México coincide con el levantamiento maderista —Madero fue gran amigo suyo— al que financió gracias a su fortuna con la compra de armas, municiones y caballos para equipar a los rebeldes que apoyaron la causa; incluso se puso al frente de un grupo de rebeldes que fue conocido como la Brigada Hidalgo o la Brigada Torera, para la que reclutó a varios de sus trabajadores, así como a sus subalternos, aficionados y miembros del gremio taurino que pelearon a su lado.
Tras la muerte de Madero, se enroló en el ejército constitucionalista de don Venustiano Carranza, donde operó bajo las órdenes del general Pablo González y consolidó sus mayores triunfos militares hasta alcanzar el grado de general brigadier.
Al concluir la etapa convulsa de la revolución, cuando ya el país gozaba de relativa calma, durante el gobierno de Álvaro Obregón volvió a vestir el “traje de luces”. Su reaparición, señalan sus biógrafos, fue todo un acontecimiento nacional. Participó en varios festivales taurinos entre 1921 y 1922 abarrotando todas las plazas en las que actuó. Su retiro definitivo ocurrió 27 de enero de 1924 en la plaza de toros El Toreo de la Condesa.
Los años posteriores los dedicó a reactivar algunas de sus empresas, aunque ya para entonces se iniciaba la decadencia de la minería pachuqueña, fuente de la enorme riqueza familiar; en 1936 lanzó su candidatura al gobierno del estado, aunque en la propia campaña reconoció la fortaleza de su opositor, Javier Rojo Gómez, al que se unió finalmente. Por esos años se registra el apoyo personal que brindó a diversos novilleros locales, que actuaba en la vieja placita de toros de Pachuca, que se ubicara en a espaldas del templo de La Villita, en la calle Cuauhtémoc.
Muchas hazañas se cuentan del Niño de Oro o del Torero Millonario como solía conocerse, se cuenta que fue él quien trajo a Pachuca el primer automóvil de gasolina, que solía pilotear aviones biplanos y otras muchas linduras, muchas falsas y otras tantas ciertas.
Murió el 26 de marzo de 1953 en la ciudad de Cuernavaca a los 70 años, ciudad donde reposan sus restos al lado de los de su esposa, Paulina Esparza Vera, con quien no procreó hijos.
La imagen que ilustra esta columna pertenece al libro que sobre su vida escribió don Armando de María Campos y corresponde a su estancia en España, en 1909.
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