Imagen: Ingrid Guerrero
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Hace (1) meses

Nada que temer. ¿Y quién cuida a las niñeces?

Es gravísimo que, en un país donde mueren más niñeces por violencia que por cáncer u otras enfermedades, se marche y se organicen congresos que busquen rescatar los derechos de los hombres agresores.

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Un grupo de manifestantes se movilizó el viernes pasado bajo la consigna de “soy papá, no criminal” para inconformarse por las tantas leyes que protegen a las mujeres. 

El chiste se cuenta solo, y es trágico, porque estas leyes existen por la desprotección que genera hacia las mujeres, el sistema social y estructural que beneficia a los hombres. No conformes con semejante planteamiento, se quejaron por lo que llaman “denuncias falsas”. Y es gravísimo hablar con tanta ligereza de “denuncias sin fundamento” cuando se desconoce el impacto del trauma de una niñez que ha sufrido violencia sexual, o cuando se es ajeno e indiferente a los procesos de desarrollo y a las intersecciones que impiden que una niñez note una violencia sexual como una afectación o como un daño.

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Porque no, no todes tenemos el privilegio de saber lo que es una violencia sexual, de haber crecido con autonomía corporal o de contar con los mínimos recursos psicoemocionales para cuestionar que quien dice cuidarnos también puede violentarnos; incluso hacerlo de manera tan manipulada y sutil que, mediante el soborno, el chantaje y la manipulación, instrumentando el afecto y la confianza, la violencia se disfraza de validación. ¿Quién habla de lo difícil que es para una niñez develar que lo que pensaba que era amor o juego se trataba de una violencia sexual? La violencia no siempre llega con brutalidad evidente.

Esta no fue una marcha contra las denuncias falsas; fue una marcha por la impunidad de los agresores. Porque si del bienestar y el cuidado de las niñeces se tratara, entonces estarían cuestionando los infames métodos de “valoración” y “medición” de afectación tras una violencia sexual, estarían preguntando por qué se siguen usando instrumentos y conceptos del DSM III en las fiscalías, estarían posicionándose para que cada fiscalía tenga actualizaciones y certificaciones obligatorias en trauma, género y sexualidad.

Es gravísimo que, en un país donde mueren más niñeces por violencia que por cáncer u otras enfermedades, se marche y se organicen congresos que busquen rescatar los derechos de los hombres agresores.

¿De qué hombres estamos hablando? Hombres que ya están protegidos por el sistema, que tienen vida pública gracias a la sobrecarga de cuidados de mujeres y niñas; hombres que ocupan cargos de poder y que viven impunes y protegidos por gobiernos e influencias que les encubren. Hombres que cuentan con el respaldo cómplice de familias que les dan la espalda a las niñeces y a su voz.

El congreso que se está cocinando en Guadalajara hace honor a su nombre, porque estos machos no tienen nada que temer con sus aliados en posiciones de poder, pero no por mucho tiempo.

Porque, como diría Catalina Ruiz-Navarro, las mujeres que luchamos nos encontramos, y aunque nos quieren dispersas y con miedo, aquí estamos: furiosas y juntas.

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