El trabajo de María Guadalupe Castillo ha sido reconocido en todo el país

La mujer ha dedicado más de seis décadas a esta tradición y ha ganado premios nacionales | Foto: Salomón Hernández
En el barrio La Peña, de la comunidad Chililico, en Huejutla, vive María Guadalupe Castillo, una mujer que ha dedicado más de seis décadas a la alfarería, preservando esta tradición heredada de su madre y su abuela. Su talento, reconocido en todo el país, ha convertido su trabajo en un orgullo para su pueblo y en un ejemplo de constancia para las nuevas generaciones.
Doña Guadalupe, nacida en 1943, aprendió a moldear el barro desde los 16 años, cuando se involucró en este oficio por la necesidad de apoyar la economía familiar. “Desde entonces no he dejado de trabajar”, comenta mientras acomoda las piezas que recién salieron del horno. A diferencia de otros artesanos, ella realiza sola todo el proceso: desde amasar y modelar el barro hasta la quema final, aunque sus hijos a veces colaboran en el pintado y terminado de las piezas.
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Su taller, improvisado en el patio de su casa, es un reflejo de la vida en Chililico: niños corren entre macetas, cántaros y jarras que se secan al sol. En este entorno, el oficio de la alfarería es una labor mayoritariamente femenina. Vecinos señalan que al menos 10 mujeres, todas mayores de 70 años, aún elaboran artesanías con la técnica ancestral.
Guadalupe Castillo ha obtenido más de 20 premios nacionales, como el Premio Nacional de la Cerámica en Tlaquepaque, Jalisco, y el Gran Premio de Arte Popular de Fonart, donde ha logrado los primeros lugares. También participa cada año en concursos regionales organizados por la Casa de Artesanías de Hidalgo (Hidart).
Sin embargo, hoy sus piezas se venden casi exclusivamente a visitantes que llegan al barrio desde Pachuca y Ciudad de México, atraídos por la fama de la alfarería local.
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El barro lo consigue gratuitamente en las minas cercanas, y lo transforma en macetas, floreros, alcancías, cántaros y figuras decorativas. Para hacer una olla, doña Guadalupe une rollos circulares de barro y los bruñe con olotes de maíz o piedras lisas hasta darles forma, aunque ahora son pequeñas debido a la edad.

Después, cubre las piezas con engobe, las pule nuevamente y les pinta soles, flores y líneas que distinguen su estilo. Finalmente, las quema en un horno abierto que ella misma construyó.
Su oficio ha dado sustento a su familia y se ha convertido en un legado. Guadalupe ha transmitido sus conocimientos de alfarería a hijos, nietos, sobrinos y a su nuera, Lourdes Moreno Flores, quienes mantienen viva la tradición. Además, cuando se acerca el Xantolo, los niños de la escuela local visitan su casa para aprender las técnicas de modelado y pintura.
Las piezas de doña Guadalupe no solo son objetos utilitarios o decorativos; son el testimonio vivo de una historia comunitaria que resiste al paso del tiempo. Chililico conserva su identidad y su fama como uno de los principales centros de alfarería de la Huasteca hidalguense.
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