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Hace 17 horas

Educar con cariño, paciencia y amor también a los estudiantes más grandes

Es indudable la tarea que tienen los docentes dentro de sus aulas, independientemente del nivel que se trate

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Es indudable la tarea que tienen los docentes dentro de sus aulas, independientemente del nivel que se trate; sin embargo, pareciera que conforme el alumno de secundaria o preparatoria va pasando de año se va asumiendo que ya no necesita la palabra reconfortante, el reconocimiento de sus logros, hablar de sus emociones o la sonrisa cordial y afable.

Un docente puede dirigir eficazmente a un grupo y, al mismo tiempo, construir relaciones humanas significativas para sus alumnos, aunque sean los más grandes del colegio; esto se respalda con la misión de la institución al querer formar por medio de la educación a individuos con altos valores humanos, promoviendo el respeto, la responsabilidad y la empatía, siendo útiles a ellos mismos y a la sociedad.

Otro aspecto fundamental es comprender que humanizar la práctica docente no significa asumir el rol de amigo, pues cada maestro tiene que ser profesional para comprender las líneas divisorias y delgadas entre el trato amable y la relación de amistad, evitando que los estudiantes las confundan, ya que ellos continúan construyendo, reconfigurando y asumiendo su identidad, así como los roles y las relaciones humanas.

Por ende, es necesario marcar los límites desde un inicio y durante el trayecto del curso para seguir manteniendo el control de clase y la figura docente; que no solo enseña contenido, sino que orienta al crecimiento académico y humano de los estudiantes. 

No hay mayor satisfacción que ser reconocido por los estudiantes como un docente amable, empático y que los saluda con una gran sonrisa en el rostro; sin duda, estas cualidades reflejan un vínculo de confianza y respeto construido en el aula. No obstante, el alumno también debe de comprender que la convivencia escolar requiere cumplir con normas y responsabilidades y que toda acción tiene consecuencias.

Desde esta perspectiva, la calidez humana y la autoridad pedagógica no son aspectos opuestos, sino complementarios para favorecer un ambiente de aprendizaje donde los alumnos se sientan cómodos al desarrollarse de forma respetuosa y formativa.

Si bien trabajar con estudiantes de grados superiores representa un reto, ello no significa que su formación esté definida, pues además del rezago académico existen otras situaciones a considerar, como dificultades en la convivencia o actitudes y conductas que debieron ser atendidas en ciclos pasados. Es cuando lo anterior constituye una oportunidad de que aun en la adolescencia se pueden generar cambios significativos apoyados del acompañamiento, límites claros y empatía para construir a tiempo un mejor proyecto de vida.

Mantener una autoridad basada en la coherencia y el diálogo, sin perder la calidez humana, es la clave, porque si educar con cariño, paciencia y amor puede marcar la diferencia en la infancia… ¿por qué dejar de hacerlo con aquellos estudiantes más grandes, quienes también necesitan ser guiados, comprendidos y acompañados?

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